El Consejo de Ministros del jóven Gobierno Revolucionario ordenó el 5 de agosto de 1961, el cambio de todos los billetes de banco, para garantizar la estabilidad de toda la moneda del Estado cubano y golpear audazmente así a los especuladores de dinero y en particular a los enemigos de la Revolución. Al sustituir esos billetes y asegurarse de que su impresión se hiciera en un país amigo, se destruyó la posibilidad de que desde los Estados Unidos se inundara el país con billetes fabricados allí y se desarticulara todo el sistema económico a través de las fuerzas contrarrevolucionarias.
