Aunque los efectos del Flora comenzaron a sentirse desde el día tres de octubre no fue hasta el siguiente que el organismo pisó suelo cubano. Su singular trayectoria, en forma de lazo sobre las provincias de Las Tunas, Granma, Holguín y Camagüey, impidió que saliera de esa zona antes de descargar sobre ella, durante cuatro días, hasta el ocho de octubre, enormes volúmenes de precipitaciones. Fidel estuvo todo el tiempo al frente de las operaciones de auxilio a los damnificados. En esa labor estuvo a punto de sufrir un accidente: el vehículo anfibio en el que iba por el río La Rioja, estaba sobrecargado de gente y abierto atrás. La agilidad y audacia de un campesino evitaron que las aguas lo arrastraran: metió al río un camión Zil provisto de sogas y pudo impedir el accidente. Pero la preocupación y meta de Fidel era el lugar de mayor peligro: el río Cauto, convertido en un «Amazonas embravecido».
