Con el protocolo de Alma Ata los representantes de todas las repúblicas soviéticas, a excepción de las tres del Báltico, decidieron formalmente la disolución de la Unión Soviética, un día antes de cumplirse 69 años de su constitución en 1922. Mediante el documento también Rusia se convirtió en heredera del asiento del multinacional Estado en la Organización de Naciones Unidas (ONU) y de sus activos. En las jornadas posteriores se disolvieron los órganos directivos y se produjo la renuncia del presidente Mijail Gorbachov.
