El 8 de junio del 2001, cinco compatriotas que en las entrañas mismas del monstruo arriesgaban diariamente su vida para descubrir e informar los planes terroristas que la mafia cubano-americana, con la tolerancia y complicidad de las autoridades de Estados Unidos realizaba contra nuestro pueblo, fueron declarados culpables de infames y falsas imputaciones ante un tribunal de Miami. Un jurado amañado, prejuiciado, desinformado, y bajo colosal presión por parte de las autoridades, los medios de información masiva y la atmósfera venenosa y pestilente de Miami, los declaró culpables de groseros y mentirosos cargos que nunca fueron probados y por los cuales fueron condenados a permanecer por el resto de sus vidas en las cárceles hostiles, despiadadas e inhumanas de Estados Unidos. Contra ellos se cometen todo tipo de humillaciones y vejaciones, entre otras, incomunicarlos en celdas solitarias de castigos por largo tiempo, sin contacto alguno con sus familiares. Estos cubanos, que en cumplimiento de un deber sagrado con su pueblo han sido víctimas de tan atroz injusticia, no son personas incultas o carentes de principios, sino poseedores de elevados conocimientos, con profundas convicciones morales y patrióticas. Ellos son: René González Sehwerert, instructor de vuelo y especialista en técnicas de aviación; Ramón Labañino Salazar, licenciado en Economía, graduado con diploma de oro en la Universidad de La Habana; Fernando González Llort, licenciado en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales «Raúl Roa García»; Antonio Guerrero Rodríguez, ingeniero civil en construcción de aeródromos y Gerardo Hernández Nordelo, también licenciado en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales «Raúl Roa García».
