Se inaugura en La Habana el 16 de noviembre de 1999, la IX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, durante la cual los mandatarios iberoamericanos analizaron las consecuencias de la globalización y de la situación financiera internacional sobre los países en desarrollo. El evento había comenzado el día anterior a nivel de expertos. Luego que los debates reflejaron coincidencias en la necesidad de reformar el orden mundial establecido, la Declaración de La Habana, aprobada este día 16, subrayó las desigualdades dentro del proceso de globalización, la preocupación por la justicia social y la necesidad de la transparencia y la democracia en los organismos multilaterales. También rechazó la imposición de condiciones e insistió por la búsqueda de una solución justa y duradera al tema de la deuda externa, se opuso a la extraterritorialidad de las leyes y recogió una explícita condena a la norteamericana Ley Helms-Burton. Asimismo, los mandatarios aprobaron formalmente la constitución de la Secretaría de Cooperación Iberoamericana (SECIB), con sede en Madrid, España, con el objetivo de realizar un seguimiento permanente, un mayor control y una mejor coordinación de la cooperación existente entre los Estados Miembros. Las palabras de inauguración y clausura estuvieron a cargo del entonces presidente Fidel Castro.