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Camagüey, periodismo, Eduardo Labrada Rodríguez, UPEC, Espeleología

Despide Camagüey al periodista Eduardo Labrada Rodríguez


Camagüey, 28 nov.- La muerte, terca y despiadada, ha vuelto a extender su sombra sobre el periodismo camagüeyano. Parece complacerse en arrancarnos, uno tras otro, a esos hombres que sostuvieron con su obra, rigor y decencia el andamiaje de la prensa en la provincia.

Son días de luto profundo para la el gremio periodístico en Camagüey, días en que la profesión se siente más sola, más despojada.

Entre esos golpes que jamás se encajan del todo llega la despedida de Eduardo Labrada Rodríguez. Referirse a él es evocar a un creador inagotable, a un investigador apasionado por los orígenes y la evolución de la prensa local, a un reportero que convirtió el género en un arte de paciencia, cercanía y verdad.

Labrada fue, sin reservas, un Maestro de periodistas: formador en el aula, guía en la redacción, ejemplo permanente en el ejercicio diario.

Durante décadas su vida estuvo profundamente ligada al periódico Adelante, espacio que consideró su hogar espiritual. Aunque la salud le impuso límites en los últimos tiempos se mantuvo como el profesional activo de mayor edad en los medios del territorio. Su entrega sin fisuras lo hizo acreedor del Premio Provincial por la Obra de la Vida Rolando Ramírez, uno de los reconocimientos más altos que otorga la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en la región.

Pero su legado institucional es aún más vasto. Entre 1992 y el año 2000 integró el Ejecutivo Provincial de la UPEC en Camagüey con una participación destacada en la vida orgánica de la organización.

Asistió al Primer Congreso de la organización y en 1999 fue designado delegado de la Fundación para la Naturaleza y el Hombre en el territorio. Además, presidió la delegación de base de Adelante, desde donde impulsó proyectos, fortaleció vínculos y defendió siempre el valor social del periodismo.

Como docente compartió sus conocimientos en la carrera de Periodismo de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz, donde marcó con rigor y ternura a generaciones que hoy recuerdan anécdotas, métodos y una vocación pedagógica que nunca se agotó.

Su curiosidad infinita lo llevó también a la Espeleología y al estudio de historias, leyendas y tradiciones de la comarca principeña, territorios que exploraba con la misma pasión con que abordaba la escritura.

Labrada acumuló distinciones especiales a lo largo de su trayectoria, entre ellas el título de Hijo Distinguido de Camagüey. Conservaba numerosas medallas, credenciales y reconocimientos que daban testimonio de una vida dedicada al servicio público desde el periodismo.

Camagüey pierde hoy a uno de sus más firmes pilares. La muerte, implacable, quiere seguir robándonos las voces que sostienen la memoria del oficio. Pero el testimonio de Eduardo Labrada Rodríguez no se extingue, permanece en cada reportero que aprendió de él, en la historia que escribió con entrega, en los alumnos que encontraron en su ejemplo una brújula.

Su ausencia duele. Su obra, en cambio, seguirá acompañándonos como una luz que no se apaga. Si la muerte insiste en arrebatarnos grandes nombres del periodismo, también la vida insiste en dejarnos la huella de los imprescindibles. Y Labrada lo fue. Y lo seguirá siendo. (Texto: Idaylén Rodríguez Rodríguez/Radio Cadena Agramonte) (Foto: Internet)


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