
Nuevitas, Camagüey, 9 feb.- En las calles de Nuevitas el sonido de los cascos seguros contra el pavimento es más que un eco del pasado: es la respiración viva de una tradición que se niega a desaparecer.
Mientras en gran parte del mundo los carruajes han quedado relegados básicamente en piezas de museo o adornos turísticos, en Cuba son protagonistas del paisaje urbano, como si el tiempo se detuviera para recordarnos que, efectivamente, la historia también puede viajar sobre ruedas.
Muchos visitantes extranjeros se sorprenden al verlos pasar, coloridos y orgullosos, como si hubieran escapado de una fotografía surrealista. Los lugareños, en cambio, los miran con la naturalidad de quien reconoce en ellos un símbolo cotidiano.
En la isla, el diseño más conocido es el carruaje mayor de cuatro ruedas, pero también existen las llamadas “arañitas”, de dos ruedas, más ligeras y ágiles que, como insectos, parecen volar por las calles estrechas. Ambos modelos, aunque distintos, son vehículos donde la conversación se mezcla con el movimiento al compás del trote de un alazán.
Curiosamente, siglos antes los coches eran el transporte de las personas distinguidas, mientras los médicos preferían la firmeza de las mulas. El primer carruaje elegante que rodó por las calles cubanas llegó desde París, importado por el comerciante José Alonso, y desde entonces se comenzó a descubrir la comodidad de viajar bajo techo y sobre ruedas.
El quitrín, majestuoso y alargado, existió durante el siglo XIX en símbolo de la élite criolla. Decorado con seda y plata, acompañado por caleseros elegantemente vestidos con casacas bordadas y botas de charol. Esto era un espectáculo de lujo que recorría las calles como un teatro ambulante. Sin embargo, su longitud lo hacía torpe en las ciudades, y poco a poco fue cediendo espacio a carruajes más pequeños y prácticos. Aun así quedó grabado en la memoria con emblema de poder y distinción.
Bayamo, con tantas similitudes a Nuevitas, es reconocida en la zona oriente por la “meca de los coches”. Su arraigo cultural es tan profundo que los carruajes forman parte inseparable de la identidad de la ciudad. Allí se utilizan como medio de transporte y se han convertido en símbolos patrimoniales y estéticos.
La creación del taller La Rueda, único en América Latina, y la fundación de la Cofradía de Cocheros de Bayamo, son prueba del empeño por preservar esta tradición, además, la música ha inmortalizado esta costumbre con la célebre canción A Bayamo en Coche, que convirtió al carruaje en un ícono cultural. Hoy, más de quinientos coches circulan por sus calles, reforzando el título de “ciudad de los coches”.
La diferencia esencial entre los coches tirados por caballos en Bayamo y Nuevitas radica en la función que cumplen. En el municipio camagüeyano son parte de la vida diaria, un transporte que compite alternativas modernas y mantiene gracias al esfuerzo individual de los cocheros.
Este tipo de transporte local ha servido para transportar mercancías y personas, y dado sustento a familias enteras -herreros, tapiceros, veterinarios y cocheros-, quienes heredaron oficios que se transmiten de generación en generación, como un legado que se forja con las manos callosas y se perpetúa con recuerdos familiares.
En estos tiempos, en Nuevitas, los coches de caballos siguen siendo más que un medio de transporte. Son un acto de resistencia cultural frente a la modernidad, un recordatorio de que la tradición puede convivir con el presente.
Los cocheros los cuidan con esmero, los decoran con dibujos y hasta les ponen nombres, como si fueran miembros de la familia. Y aunque el costo de un viaje pueda parecer elevado, la experiencia es única. (Textro y foto: Celia Serrano Maldonado/ Radio Nuevitas)