Por Dayana Cardona González/Radio Cadena Agramonte.
Gran relevancia tienen los hechos ocurridos en el oriente cubano el 26 de julio de 1953, cuando un grupo de jóvenes revolucionarios asaltó los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y “Carlos Manuel de Céspedes”, en Bayamo.
Entonces encabezaba el Gobierno Fulgencio Batista, un asesino que, con el apoyo de la Casa Blanca, custodiaba a sangre y fuego los intereses norteamericanos en la Isla.
El año del centenario del natalicio de José Martí (1953) se presentaba muy triste. Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta!, así se expresó Fidel en su alegato “La Historia me absolverá”, durante el juicio a los sobrevivientes.
Era domingo de carnaval aquel 26 de julio de 1953, en Santiago de Cuba, cuando en la madrugada comenzó la acción militar, con el objetivo de apoderarse del armamento, convocar a la huelga general en todo el país y a la lucha armada, para derrocar a la dictadura.
En Santiago de Cuba, los asaltantes estaban organizados en tres columnas, comandadas por Fidel Castro, Raúl Castro y Abel Santamaría, protagonizaron una hazaña que marcaría el comienzo de la última etapa de las luchas independentistas en la Isla.
Como estaba previsto, Raúl Castro y su grupo llegaron a tomar el Palacio de Justicia, y Abel Santamaría hizo lo mismo con el Hospital Civil, sitios cercanos al cuartel, que permitirían la ayuda a los heridos.
Pero un imprevisto hizo que el grupo de Fidel no pudiera tomar la fortaleza. Aquella calurosa mañana el factor sorpresa, su mejor arma, quedó neutralizado al toparse los revolucionarios con una pareja de la llamada “guardia cosaca”.
Como relatara después el líder de la Revolución cubana, inferiores en número y armas, aquellos valerosos jóvenes no pudieron tomar el Moncada. La orden del dictador fue eliminar a diez revolucionarios por cada soldado del régimen muerto en combate. Al no poder vencer, optaron por retirarse, luego de combatir durante dos horas y 45 minutos, aproximadamente.
La orientación era llegar a Siboney para, desde allí, procurar llegar a las montañas de la Sierra Maestra y proseguir la lucha. Pero tampoco la retirada resultó de la manera planeada. Hubo una masacre generalizada y fueron asesinados la mayoría de los asaltantes. Los sobrevivientes fueron detenidos tras feroz cacería, enjuiciados y condenados a prisión.
El 26 de julio de 1953 se convirtió en una fecha de rebeldía nacional, en un símbolo de la Revolución cubana. Fue un momento que estremeció los cimientos de la dictadura batistiana y con ello se inició un nuevo período de lucha armada. A partir de allí surgió un movimiento que dio vida a las fuerzas revolucionarias, con una dirección combatiente y decidida.
Como dijo el Comandante en Jefe Fidel Castro, en el discurso por el X aniversario del ataque al Moncada: “[…] La importancia que tiene esta fecha radica en que, aquel día, inició nuestro pueblo el camino que lo condujo a la Revolución.” (Foto: Archivo)
