Anecdotario de Vilma Espín: las melcochas de Camagüey, las más dulces

Por Pedro Paneque Ruiz/Radio Cadena Agramonte.

Hablando con una experimentada periodista, hoy día editora de  esta página digital de Cadena Agramonte, vísperas del cumpleaños de Vilma Espín Guillois, me narraba emocionada su visita al mausoleo del Segundo Frente Oriental donde reposan las cenizas de esa gran cubana y me instaba a escribir algo sobre sus encuentros  con los camagüeyanos.

Muchos son los buenos recuerdos que guarda Camagüey  de Vilma Espín, esa sencilla, pero muy grande mujer,  atenta a cualquier detalle a su alrededor, lo cual la hacía especial, según pudimos constatar en más de una cobertura periodística a sus estancias y recorridos por las llanuras camagüeyanas, en los que siempre tuvo tiempo para escuchar una opinión, un reclamo, atender un problema o intercambiar a propósito de los derechos y deberes de nuestras féminas, o recibir, con agradecimiento, una flor de un admirador.

En visita a un circulo infantil en el otrora central “Noel Fernández”, acompañada por Clementina Serra, en esa época al frente de dichas instituciones en el país, Vilma tocaba con sus manos los objetos dedicados a la atención de los niños, en gran mayoría de madres trabajadoras en el central, y enseguida precisó dos cosas; no había una tela metálica fina en las ventanas que pudiera contener el bagacillo expulsado por la chimenea del ingenio, y pidió plazo fijo para  crear taquillas y baños en condiciones para las azucareras, al enterarse que no existían .

Pasaron los años, y a finales de los años ‘80 -en esa oportunidad con la presencia del General de Ejército  Raúl Castro, quien revisaba la creación de los organopónicos en la provincia-, Vilma vuelve a estar  en Senado y entre otras cosas pide llegarse al Círculo Infantil y también recorrer el ingenio, donde lo primero por lo que inquirió y revisó fueron los baños y taquillas para las mujeres, con el fin de que, al terminar la jornada, pudiesen acicalarse y llegar compuestas a sus casas, según decía, y acometer los deberes hogareños.

Especial tacto tenía para interceder en  situaciones originadas por diversidad de criterios sobre un determinado asunto, y explicar y convencer ante una percepción, quizás no adecuada para el momento, como pudimos entender más tarde.

Concluida una reunión nacional  en una escuela especial en la barriada de Tagarro, a las afueras de la ciudad de Camagüey, concertada a propósito del quehacer del Instituto de la  Infancia -que hacía muy poco había trasladado sus responsabilidades  sobre los Círculos Infantiles al Ministerio de Educación-, inquiríamos  en detalles acerca de algunas donaciones  de todas partes del país,  las que resaltaban más por su valor altruista que por lo económico, y que a nuestro criterio periodístico agregaban un detalle diferente al evento, algo con lo que no estaban de acuerdo algunos de sus organizadores.

Observando el calor que cogía el intercambio de criterio, por no llamarlo discusión, pues los cubanos damos otra sentido a esa palabra, Vilma se acercó al grupo y enterada del asunto hizo gala de su afabilidad y acierto, y en pocas palabras nos  alertó sobre lo imprescindible de  preponderar la multimillonaria erogación del estado  para sostener y desarrollar tan humano programa ideado por Fidel, y apoyó el punto de vista de la prensa  para mencionar la generosidad de esos cubanos buenos, donantes  algunos de los ahorros de toda su vida, pues la Revolución les garantizaba una vejez feliz.

VILMA Y LAS MELCOCHAS DE ORIENTE REBELDE

En los albores de lo que sería la etapa más crítica del periodo especial, vuelve Vilma a Camagüey a encontrarse con mujeres que organizadas en contingentes desarrollaban labores agrícolas en el territorio, desempeño en que sobresalía por el número de incorporadas y su productividad la zona de Cascorro, al este de la cabecera provincial.

De vuelta a la ciudad de  Camagüey, Lázaro Vázquez, en aquel entonces primer secretario del  Partido Comunista de Cuba (PCC) en la provincia, le comenta a Vilma a propósito  de elaboraciones alimenticias en la comunidad de  Oriente Rebelde, botón de muestra también en el municipio de  Sibanicú  de la variedad y cantidad productora en pequeñas parcelas alrededor de la comunidad, cuyo Consejo Popular presidía una perseverante e ingeniosa mujer.

Fluía el contacto en diversas dependencias del histórico sitio, pues desde allí se alzó a la manigua en 1868 Ignacio Agramonte, y apareció una fabricante de melcochas a base de miel de abejas cuya sola vista motivó exclamaciones de deseos de todos los presentes, entre ellas la de este periodista, que no alcanzó del rico manjar, cuestión, a juicio propio, solo notada por mí.

Pasados unos meses vuelve Vilma al lugar, en la ocasión acompañada por algunas argentinas Abuelas  de la Plaza de Mayo, y entre otras sorpresas aparece de nuevo la mujer de las melcochas, ahora en abundancia, lo que provoca en los presentes deseos de degustar el manjar, y en eso estaban, cuando escucho a mi lado una dulce voz que me dice: “periodista, ahora si no te quedas sin melcochas y mis nietos tampoco”.

Esas han sido las melcochas más dulces que han comido mis hijas.

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