Editorial
Nos asisten sobradas razones para que en esta fiesta de pueblo por el Día Internacional de los Trabajadores, hagamos vibrar nuestra ya histórica Plaza de la Revolución, con una carga agramontina de estos tiempos en apoyo al empeño de seguir el combate por un Socialismo próspero y sostenible, como nos merecemos.
La Revolución cubana ha dado nuevamente pruebas de su fortaleza y mayoría de edad, y con plena confianza ha depositado en manos más jóvenes las riendas conductoras del irreversible proceso social iniciado por Fidel Castro Ruz con la Generación del Centenario, que hoy muestra al mundo un Estado de plena democracia popular.
Sigue al frente del Partido Comunista de Cuba el general de Ejército Raúl Castro Ruz, digno y fiel sucesor del ideario martiano-fidelista, y quien nos convoca a nuevas metas para el más amplio beneficio social, permeados de que sí se puede, como se ha demostrado en la recuperación del fondo habitacional tras el paso de huracán Irma, bajo su precisa indicación de que nadie quede olvidado, que nadie quede abandonado.
Ese ha sido principio del esfuerzo solidario y multisectorial que ha permitido avanzar en las faenas de la recuperación de las viviendas dañadas, el cual se mantendrá hasta concluir tales labores, al igual que en la reanimación de los polos productivos de cultivos varios, que volverán a ser botón de muestra del abastecimiento territorial.
Acudimos a nuestras plazas para revalidar ese modo de hacer y pensar, ratificador de que proseguimos con paso firme por los senderos del socialismo, no obstante el recrudecimiento del bloqueo y las nuevas agresiones injerencistas contrarrevolucionarias, de la actual Administración estadounidense.
Precisos acontecimientos recientes avalan nuestras fortalezas, entre los que se inscriben las transparentes y democráticas elecciones del Poder Popular, la hidalga postura cubana en la Cumbre de las Américas, la incuestionable solidaridad con los procesos progresistas latinoamericanos, en especial con la hermana Venezuela, en momentos de un evidente resurgimiento de gobiernos lacayunos de derecha, a los cuales indefectiblemente la Historia les pasará la cuenta.
Así desfilamos en este 1ro de mayo, antecedidos en la celebración proletaria por la marcha de miles de niños, que a todo lo largo y ancho de la geografía camagüeyana alzaron sus voces para decir bien alto, Yo soy Fidel, Viva el 1ro de mayo, y, Unidos y combativos, somos segura continuidad.
Así lo ha hecho y hacen también en la celebración trabajadora y de pueblo sus mayores, en barrios y comunidades de zonas apartadas de El Camagüey, la más extensa de las demarcaciones cubanas, como demostración de mayoritario apoyo a la Revolución que les dignificó, y llevó a esos lugares educación y salud pública gratuitas, y otros muchos beneficios que merecen los humanos por sus plenos derechos.
En este día está latente la impronta de los héroes y mártires de las luchas libertarias cubanas, y especialmente los que en Girón hicieron realidad la máxima de Antonio Maceo, al hacer morder el polvo de la derrota a los yanquis y sus mercenarios.
Ellos son permanente inspiración para la unidad, para ser consecuentes con su ejemplo, y mantenernos como hombres y mujeres de ¡Patria o Muerte!, en la irrevocable decisión de afianzar a la nación cubana en los caminos de victoria y de confianza en el futuro, seguros que venceremos. (Foto: Archivo)
