Por Yusarys Benito Deliano/Radio Cadena Agramonte.
Dicen que cambió los tacones por gafas oscuras; que camina sigilosa e insegura por las calles donde fue la reina de los piropos; que cubre su cuerpo con prendas ajenas a la alegría de su armario… que ya no ríe como antes, porque guardó su sonrisa con la niña que una vez creyó en cuentos de princesa.
Mientras dilata el camino a casa piensa en los niños y en el secreto que esconden sus ojos maquillados bruscamente por el puño de alguien que le juró amor eterno.
El llanto nocturno no calma el dolor repetido durante meses y el amanecer vuelve deja vú cada jornada. El espejo le recuerda cuánto odia el color morado que una vez lució con orgullo en su ropa.
Necesita ayuda y lo sabe. Quién creerá en las "justificadas" caídas, hasta los vecinos saben que él manda porque paga. Teme por sus hijos y, sobre todo, le teme a él.
Cree tener la culpa. Al comienzo, solo peleas casuales, luego miradas aviesas seguidas de un odio incrustado sobre un rostro lleno de sueños. Solo quedó el silencio y las lágrimas que inundaron una casa extraña.
Pero las pesadillas no duran toda la noche…Ahora dicen que sus nuevos zapatos pisan el dolor y combinan con el naranja de su vestido.
Volvió a la avenida que grita suavemente su regreso a la vida. Nadie detiene su paso y cuando cuenta su historia a otras féminas con un pasaje similar solo aconseja: “es difícil; pero la respuesta está en la fuerza de una mujer”. (Foto: Archivo)
