Por Lilian Conde Blanco/Radio Cadena Agramonte.
Son tiempos en que la cordura y la responsabilidad deben estar unidas a la percepción de riesgo de cada individuo, justo cuando transitamos por el peor momento de la COVID-19 en Camagüey.
La realidad nos indica la necesidad de buscar nuevos modos para actuar diferente y en consecuencia, ante tal desafío, acrecentado por las altas tasas de contagios que se reportan a diario, la situación epidemiológica demanda de responsabilidad, organización, resistencia y valentía.
Son tiempos difíciles y con una gran carga de preocupación por parte de la dirección del país, las autoridades de todas las provincias y los municipios.
Cuba lidera una batalla contra el Sars-CoV-2 desde cada comunidad, en los centros de salud y en los de aislamiento, y la intensidad de la transmisión del peligroso virus no permite equívocos ni lentitud en las respuestas, aspectos que en ocasiones son los causantes de la morosa identificación de casos positivos y sus contactos.
Ante la actual situación debemos entre todos lograr frenar la transmisión, para lo cual resulta importante la pesquisa diaria con la debida calidad y el trabajo del médico y la enfermera de familia con el apoyo de los factores comunitarios.
La COVID-19 no es un juego de palabras, el nuevo coronavirus y su variante Delta ya acumulan un notable impacto en la población cubana y solo podremos cortar su propagación si entre todos aportamos soluciones y se cumple con la permanencia en casa, sobre todo de niños y ancianos, con el distanciamiento físico-social, el lavado de las manos y el uso permanente y adecuado del nasobuco.
Es importante también disciplinar el estilo de vida, pues aún se viola ese necesario distanciamiento en las colas, transitan personas por la vía pública sin nasobuco o con la mascarilla mal puesta, y peor aún, se ven niños jugando sin la debida protección.
El enfrentamiento al nuevo coronavirus es un asunto de todos, es una cuestión de vida.
