Cumpleaños de hombres, mujeres y una ciudad viva

Muchos hablan de ella como una mujer, sin embargo, contiene un montón de hombres y féminas, que han vestido diferente, desde los largos y elegantes trajes hasta los pantalones femeninos, las minifaldas, o los chores andando por sus calles.

Esta ciudad, la nuestra, la que ensancha el pecho de los camagüeyanos en cualquier lugar del mundo, la que hace 508 años se nombró Villa de Santa María del Puerto del Príncipe y aún enamora por la altivez de su historia, está hecha de gente que aunque pasen los siglos siguen representando al Camagüey.

Hoy, si andas por cualquiera de sus calles recordarás los adoquines, tropezarás con algunos que se mantienen vivos, y si la vista te lleva al interior de una de las tantas casas que conservan su estilo colonial descubrirás al menos un tinajón, un envase imprescindible para el agua que atrapa y los antepasados que se quedan.

Vayas por donde vayas, el camino acabará y recomenzará en cuatro o cinco esquinas que se han juntado para conversar, en una plaza con bancos, con árboles, con gente o hasta con viejas chismosas, un aguatero y uno que, como tú en la radio, busca en el periódico las novedades de su tierra.

Por ahí, mientras llegas a cualquier lugar, están también los museos, los pedazos de hogar que secuestramos para que no se lo lleve el paso de los años, el de Nicolás Guillén, el de Carlos J. Finlay, el de la Avellaneda o el de El Mayor,de los orgullos para los camagüeyanos.

Sí, esta no es una ciudad fría, tenue, vacía; es un arca cargada de verdades vividas e inventadas, de tantos héroes y artistas en las anécdotas, como palomas y epitafios en las leyendas.

Entrar en ella es descubrir de nuevo en la mañana, o en un trozo de tarde y noche que los muros también tienen alma; lo saben las iglesias que despiertan entre campanadas, las casas que no olvidan a sus hijos, estén o no en los libros, las avenidas que liberan y nos sujetan siempre que hace falta probar que aquí seguimos, construyendo patrias grandes y chicas.

Hoy, si sales a caminar notarás cambios, una ciudad que por momentos calla y por otros resucita, después de los recientes silencios de pandemia, que todavía nos genera latidos inconformes porque camagüeyano que se respete siempre cree que esta Villa necesita más.

Pero es inevitable, la suave comarca al despertarse vuelve siempre a cautivarnos, a develarse como la primera gran enamorada y homenajeada de febrero, a vestirse de gala en estas fechas para, con la cultura por corona, celebrar su cumpleaños que es el nuestro. (Dania Díaz Socarrás/Radio Cadena Agramonte) (Foto: Archivo)

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