Por Pausides Cabrera Balbi/AIN
El 21 de marzo de 1960, una multitud de pacíficos manifestantes contra el apartheid fue masacrada en la ciudad de Shaperville, República de Sudáfrica. Desde 1967 la Organización de Naciones Unidas instituyó tal fecha como Día Internacional de la Lucha contra el Racismo.
Promover la necesidad de globalizar y profundizar en la batalla contra cualquier manifestación de discriminación y prejuicios raciales, constituyen objetivos de la efeméride universal, en la cual se exige incondicional respeto a la dignidad del ser humano.
Con voluntad política, educación y cultura, en pocas décadas de Revolución la sociedad cubana ha logrado incomparables avances en la erradicación de prejuicios y manifestaciones racistas, derivados de factores históricos y socioculturales legados por cinco siglos de dominio colonial, y más tarde neocolonial.
Voluntarios o no, encuentros entre aborígenes y castellanos, canarios, vascos, gallegos, andaluces, asturianos y catalanes, más tarde con alrededor de un millón 310 mil africanos de las etnias achanti, mina, ekoi, yoruba, congo, fon, bini y hausa, entre otras, traídos por la fuerza a Cuba, y a continuación con chinos, caribeños y de otras naciones, ilustran el “todo mezclado” de Nicolás Guillén, más allá de una simple imagen poética.
El mestizaje biológico y cultural es precisamente uno de los ingredientes fundamentales que dieron lugar –y continúan enriqueciendo-, el rico “ajiaco” con que se comparan la sociedad y los fenómenos culturales cubanos, propiciadores de sentido de nacionalidad, unidad y soberanía.
En Cuba, racismo y discriminación no devienen patologías identificables a escala social, pero ante cantos de sirenas que claman por la desunión y por conflictos entre hermanos, la celebración del Día Internacional de la Lucha contra el Racismo llama a estar alertas y a efectuar balance y valoraciones sobre los resultados en esa dirección.
La fecha resulta también propicia para expresar el tremendo orgullo de las generaciones presentes por la multiplicidad de raíces que alimentaron, y continúan aportando savia nutricia a las identidades culturales y nacionales de nosotros los cubanos… “todos mezclados”.
