Por Alexis Peña Hernández/Estudiante de Periodismo
Enraizado en los valores autóctonos de la nación, figura engendrada por la cultura de los campos, Juan Cristóbal Nápoles y Fajardo, conocido como el Cucalambé, nació el 1ro. de julio de 1829, en una población ganadera y agrícola.
Fue hijo de Manuel Agustín Nápoles Estrada, un propietario de terrenos de la finca El Cornito, donde vivió hasta los 29 años, nutriéndose de la sabia bucólica que circula por sus composiciones.
De su vida en Las Tunas se resalta que fue de las personalidades que más cultura aportó al territorio, al igual que su familia, aunque de sus hermanas no se conoce obra artística alguna, el Cucalambé y sus dos hermanos se consagraron como hombres de letras. En el año 1854 viaja a Puerto Príncipe, actual Camagüey, a una de las ferias anuales que se celebraban y, flechado por la primera vista, conoce a Isabel Rufina Rodríguez, la Rufina de sus poemas y la musa de su pluma.
Luego de contraer matrimonio, la pareja se traslada a la finca El Cornito, donde El Cucalambé tenía una parcela para la siembra, como herencia de familia, lo que le permitió acercarse a la tierra y de ella absorber la naturalidad, la inspiración y el arte bucólico.
Desde allí escribió gran parte de su obra poética, por tanto, fue considerado un campesino culto. Luego de la infección por cólera que atraviesa a Las Tunas en los años 50 del pasado siglo, se desplaza a Santiago de Cuba, justo en un contexto favorable para el fomento intelectual, lo que le permitió publicar sus textos en El Redactor, periódico reconocido de la época.
A lo largo de su vida realizó numerosas publicaciones entre las que se destacan los Rumores del Hormigo postulándose como cumbre del criollismo y el siboneísmo en Las Tunas, también, también trabajó como pagador de obras públicas y responsable de almacén, compromiso por el que tenía que emitir todos los meses los salarios de las personas que trabajaban en la construcción de puentes, carreteras, y otras obras.
Para ese entonces comenzaron a surgir las versiones sobre su participación en el alzamiento de Joaquín de Agüero y con esto sus ideas independentistas, acontecimiento sobre el que a pesar de su juventud redactó versos y demostró su amor por Cuba y un marcado afán de libertad.
Desaparece misteriosamente en Santiago de Cuba a los 32 años en 1861, dejando todo un testamento poético de los campos cubanos. Máximo representante de la cultura bucólica, Nápoles Fajardo no escribió para el guajiro, sino desde el perfil propio de guajiro natural, al desarrollar un sentimiento de patriotismo a partir del reflejo de lo más autóctono de la flora, la fauna, y las tradiciones campesinas. (Foto: PL/Archivo)
