Por Mariela Peña Seguí/ Radio Cadena Agramonte.
Hay hechos en la vida que, por cotidianos, no somos capaces de valorar en su real magnitud.
A veces, solo cuando necesitamos acudir a un centro de Salud, es que constatamos cuántos recursos—materiales y humanos— se utilizan en la atención de un paciente.
En la Unidad de Terapia Intensiva del hospital provincial pediátrico Eduardo Agramonte Piña, de la ciudad de Camagüey, por ejemplo, donde se emplea tecnología de punta similar a la de centros de ese tipo en países desarrollados, el tratamiento diario de un niño en estado grave, representa para el Estado cubano una erogación calculada en 758 pesos por paciente cada día.
De ser necesario, si no dispusieran en un momento determinado de algún recurso, se movilizan todos los resortes para, en el menor tiempo posible, traerlo hasta Camagüey, donde se logra en esa sala el 95 % de supervivencia como promedio.
Porque, aunque la vida de un enfermo dependa en determinado momento de la utilización de un equipo médico, lo más importante en todos los casos sigue siendo la calidad humana de los médicos, enfermeros y paramédicos.
“No se reporta ningún fallecido porque le haya faltado algo”, decían especialistas de la Sala Intensiva del Pediátrico camagüeyano, pero detrás de ese resultado hay un gran esfuerzo.
Claro, un esfuerzo que incluye a muchas personas, pero que sobre todo responde a la política del país, que ha potenciado desde el primer día de la Revolución la Salud de los cubanos.
A veces acudimos al médico y no apreciamos en toda su dimensión el tratamiento que recibimos; sin embargo, nuestro sistema social garantiza el acceso gratuito a cada consulta, a cada prueba diagnóstica por más compleja que sea.
Y lo que a cualquier persona en otro lugar del mundo le costaría una fortuna, en el mejor de los casos —porque millones de personas en el mundo ni siquiera pueden soñar con ver a un médico—, a los cubanos se nos facilita, incluso desde antes de llegar al mundo.
Como decía al inicio de este comentario: hay hechos que, por cotidianos, no valoramos en su real magnitud. Tiempo es entonces de que, en correspondencia, apreciemos la dimensión humana que representa. (Collarge: Archivo RCA Digital)
