Enrique Milanés: el hombre que “pellizcó” a Martí

Por Arailaisy Rosabal García/Colaboradora de Radio Cadena Agramonte.

Alto, delgado, de gestos suaves, intimista… Así es Enrique Milanés León, posiblemente el hombre más humilde que exista ahora mismo sobre la faz de la tierra y para quien sobran los buenos calificativos, pero más vale no decirlos por respeto a su modestia. Graduado de Periodismo en 1990, en la Universidad de Oriente, este camagüeyano, poseedor de varios reconocimientos profesionales, acaba de ser galardonado con el Premio Periódico Patria, que otorga la Sociedad Cultural José Martí.

La noticia es incluso desconocida por muchos de los que comparten con él una misma profesión. Y es que esa manía por “no hacerse notar”, le ha dado muy buen resultado en su lucha contra la popularidad.

Que aceptara esta entrevista no fue cosa fácil; pero -por suerte- el que lo embriagara la pena o el compromiso de que el verdadero protagonista sería su Pepe Martí, lo hizo sucumbir.

Para Enrique Milanés, ¿quién es José Martí?

Es difícil responder esa pregunta y salirse de los esquemas. Para mí, Martí es la más grande contribución humana que ha hecho esta Isla. Si algún día se evaluaran los aportes de cada país a la historia universal, Martí encabezaría la lista de los nuestros.

¿Cuándo descubriste a Martí, en la lozanía de alguna clase de Primaria, bajo el influjo de alguna recomendación profesional o por interés personal?

Como todo adolescente, empecé leyendo aventuras y novelas policíacas, pero creo que Martí fue de las primeras cosas más profundas que leí. Comencé con su poesía que era lo más sencillo. Siempre lo que más me impactó fue su dimensión humana, ese ser humano que andaba siempre en soledad; para mí Martí fue un solitario, un gran sufridor, lo cual es difícil de entender en un hombre cuya profundidad de pensamiento, proyección y entrega no tiene igual.  

Sin embargo, muchas veces esa dimensión humana sucumbe ante la prominencia del héroe, el superhombre. ¿Consideras que Martí ha padecido el síndrome de la deshumanización?

Lamentablemente, mucha gente ha caído en esa trampa en Cuba. Martí que fue un gran sufridor y para nada maniqueísta, a veces es asumido así, porque es la manera más fácil de hacerlo. La gente lo cita pero no lo lee, y a veces lo lee pero no lo asume, en tanto hay gente que es plenamente martiana sin conocer siquiera a Martí.

Nos hemos acostumbrado a recordarlo solo en coyunturas específicas, cuando es un hombre para recordar todos los días; es el ser humano más fácil de entender, porque su entrega es limpia, no hay margen a la duda.

¿Habría que cambiar entonces la forma de enseñar y asumir a Martí?

Sí, pero primero hay que cambiar la forma de apropiarnos del mundo, de proyectarnos, de ser humanistas por esencia. Si no se es raigalmente martiano no se puede enseñar a ser como tal; resulta muy difícil convertir a otros en lo que uno mismo no es o no cree.

Tengo un blog en el que escribo sobre Martí y por esa razón la gente me insinúa que soy un conocedor y no es tanto así. Nunca he realizado un estudio concienzudo de su obra y las lecturas que he hecho son bastante desordenadas; lo que me interesa es el ser humano, y mientras más enrarecida me resulta esta época en que vivimos, más reafirmo la condición de que es al hombre al que hay que seguir. Sin ser un imitador, me interesa nutrirme de ese paradigma.

¿Por qué llevar a un espacio catalogado de intimista y personal, como lo es el blog, la figura de Martí?

Tengo dos blogs, y el de Martí fue el primero. Sencillamente, un día decidí que quería escribir sobre cómo veo a Martí, sobre cómo me acerco a él y él se acerca a mí. No es un espacio para divulgar estudios ni descubrimientos, sino para dar mi visión sobre Martí, para decir que una vez existió y todavía existe un hombre inmenso. Los cubanos tenemos que estar orgullosos de ser dueños de un patrimonio mundial.

De cierta manera, a Martí te une la pasión por el periodismo. Desde tu posición de periodista y amantísimo del Apóstol, ¿crees que las ideas martianas sobre el periodismo signan realmente el quehacer de la prensa cubana?

No tengo la menor duda de que nuestra prensa es martiana, pero le falta separarse de  las fechas, de la cita, ir a las esencias, como mismo sucede con la apropiación de la figura de Martí. Tenemos que lograr asumir la propuesta martiana sobre la prensa en nuestra práctica diaria, de hacer todos los días un 14 de marzo y no resumir a Martí a la fundación de Patria

Hay una idea hermosa que aparece precisamente en el primer número de Patria, en el que, desde mi punto de vista, Martí define dos misiones bellísimas y profundas para la prensa: fundar y amar. Esa debe ser nuestra razón de ser, tanto para quienes escribimos como para el corazón mismo de la profesión.

A sabiendas de que detestas hablar de ti mismo, pero también de que eres un apostador nato al ejemplo martiano; en un hombre tan apasionado a Martí ¿cuánto hay del Apóstol?

No mucho, considerando su magnitud; he sido uno más entre los que han llegado a “pellizcar” su figura. La verdad: me anima su ejemplo, lo considero infinito, pero no lo asumo con el ánimo de “competencia olímpica”. Tengo la misma visión de Martí que cuando lo descubrí siendo niño, y la voy a conservar hasta la vejez.

Claro, también me fascina el estilo martiano, pero creo que eso es algo inapropiable. No sé por qué mucha gente le teme a los párrafos largos, a las ideas profundas de Martí. Para mí, él tenía una especie de abecedario del sentimiento, cada palabra suya representa un sentimiento auténtico; cuando lees a Martí puedes tocar lo que te está diciendo. No son simples párrafos, son esculturas del lenguaje, dibujos, figuras tridimensionales en un libro.

¿Cómo comparte Milanés su visión de Martí con su hijo y con sus lectores?

A mi hijo, siempre le digo que yo quiero que la primera carrera que haga en la vida sea la de buen ser humano. Esa es una misión de padre que no inventé yo, es una misión martiana, aunque ante mi hijo no le dé el crédito. Mi padre nunca leyó a Martí, de hecho, no sabía leer y me enseñó a ser el hombre que soy. Claro que me gustaría que mi hijo conociera a Martí; aunque estoy seguro que lo conoce, quisiera que fuese más allá del poema que se aprende para recitar en un matutino un 28 de enero.

Con la gente que lee el blog intento algo similar, aunque de los dos blogs que tengo el que menos se lee es el de Martí, y sé que quizás se debe a que Martí no es atractivo para todo el mundo. Lo que hago es simplemente proponer mi visión personal y agradecer siempre los comentarios, porque tengo como principio respetar tanto la figura martiana como el criterio de los que se acercan y me leen. Algún día quisiera tener la satisfacción, o mejor, la felicidad de saber que alguien se volvió martiano leyendo mi blog.

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