Por Arailaisy Rosabal García/ Radio Cadena Agramonte.
18 de abril de 1961. Segundo día de la invasión. En la Ciénaga de Zapata no se escucha nada más que disparos; pero esta vez, no son solo del enemigo. Contrario a lo planeado, los cubanos lograron sobrevivir un día, y además, les habían hundido algunos de sus barcos y lanchones. El combate continuaba siendo disparejo, pero no únicamente en artillería.
Tal y como recordara años después José Ramón Fernández, Jefe de Operaciones en el frente Australia-Playa Larga-Girón, los mercenarios venían bien organizados, bien armados, con un buen apoyo, pero les faltó la razón, la justeza de la causa que defendían. Por ello no combatieron con el ardor, el valor, la firmeza, el denuedo y el espíritu de victoria con que lo hicieron las Fuerzas Revolucionarias.
Con un número reducidísimo de aviones y pilotos, sin relevos ni reemplazos, sin piezas de repuestos, los cubanos habían logrado derribar cinco aviones enemigos, y la infantería avanzaba a contrapelo de los tiros y las granadas que caían a su alrededor. Algunos, perecían, otros, incluso heridos, seguían avanzando; los que lograban sortear los disparos marchaban al frente, embistiendo a los mercenarios
Fidel había dejado claro que la invasión no debía ser frustrada lo antes posible, para evitar la llegada de fuerzas de repuesto, y evitar la concreción del plan de instaurar un gobierno provisional. La orden debía cumplirse al precio que fuera necesario; de lo contrario, sabían que ese podría ser el fin de la recién iniciada Revolución.
Por eso, el segundo día fueron llegando hasta la Ciénaga más hombres. A los batallones de milicias de Matanzas, el primero en responder al fuego enemigo, se sumaron el de Cienfuegos y Las Villas, además de las columnas 1 y 2 del Ejército Rebelde, y un batallón de la policía, junto a una compañía de tanques.
La proeza de los cubanos obligó a la agrupación naval mercenaria retirarse mar afuera, y para el mediodía del 18 nuestras tropas ya habían avanzado sobre Playa Girón, reduciendo así el terreno ocupado por el enemigo.
Durante la tarde, persistieron los disparos, pero cada vez eran menos los que salían de la técnica de los contratados por la Agencia de Contrainteligencia de los Estados Unidos.
24 horas después la victoria cubana sería inminente. (Foto: Archivo)
