La era del desarme de los sueños

Por Arailaisy Rosabal García/Colaboradora de Cadena Agramonte.

Paradójica, así podría catalogarse la semana que concluye. Año tras año sucede igual: el mundo celebra durante siete días sendas jornadas a favor del desarme, en medio de no pocos conflictos bélicos y bajo el halo de una tremendísima explosión nuclear.

Cuando en 1978 los entonces países miembros de Naciones Unidas aprobaron la Resolución S-10/2, sobre la necesidad de controlar el uso armamentístico, muy pocos -para no ser absolutos- sometieron a un análisis prudente aquella medida.

Nadie pensó que podría ser esa la forma en que las grandes potencias se adjudicarían el derecho sobre la manipulación y el mercado exclusivo de armas, e incluso, justificarían sus ansias expansionistas e intervencionistas, tal y como ha demostrado el curso de la historia.

Los ejemplos sobran. Ahí están las especulaciones sobre el programa de prueba de armamento biológico de los iraquíes durante la surrealista Guerra del Golfo, en la que los estadounidenses intentaron convencer al mundo de que el Ejército de Sadam Husseim tenía una planta de armas químicas, que según se demostraría no era más que una fábrica de leche en polvo. Serían los norteamericanos quienes sometieran a los llamados “hijos del demonio” a la exposición de productos biológicos.

Similar estrategia ha pretendido seguir el Departamento de Inteligencia de Estados Unidos en los últimos años en Irán, sujeto a grandes sanciones económicas por negarse a abandonar su programa de desarrollo de energía nuclear, con fines no bélicos; cuando se sabe de sobra que el móvil de la inconformidad norteamericana es el arsenal petrolífero del país occidental.  

La fórmula vuelve a repetirse ahora en Siria, estratégica geopolíticamente para los intereses norteamericanos en Oriente Medio, y con una riqueza natural envidiable. Bajo el supuesto de desarmar a la oposición, Estados Unidos pretendió una intervención militar en el país que mantuvo en jaque al mundo durante unos dos meses.

Finalmente, y gracias a la posición rusa, que ahora enfila sus esfuerzos mediadores a concretar la tantas veces aplazada Conferencia Internacional para la Paz en Siria, a causa de los intereses estadounidenses y algunos aliados europeos como Francia y Reino Unido; la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ), fue la encargada de asumir el proyecto de desarme sirio.

Ahora bien, sin ánimos pesimistas, no puede perderse de vista que los magnates de la nación de Abraham Lincoln saben muy bien cómo disfrazar sus verdaderas intenciones.

De hecho, no es casual que Estados Unidos se torne recurrente cuando de guerras se trata, casi nunca como agresor, sino como el “salvaguarda del bienestar internacional”. Y es que bajo el supuesto de lucha contra el terror, los norteamericanos han logrado estereotipar “su verdad” para el mundo; aunque afortunadamente ya van siendo menos quienes se creen esa farsa.

Acabó la Semana Mundial del Desarme, y como suele decirse por ahí “el cuartico está igualito”; cada vez son más los recursos financieros que se invierten en la carrera armamentista en lugar de favorecerse el desarrollo económico  y social; crece la inminencia de una catástrofe nuclear, y la guerra sigue siendo el modo de solucionar los conflictos.

Lo cierto es que el sueño de alcanzar normas verdaderamente justas y racionales que rijan los destinos humanos, por días parece más difícil. (Imagen: Archivo.)

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