Por Rolando Sarmiento Ricart/ Colaborador de Radio Cadena Agramonte.
No hay que ser un politólogo avezado en geopolítica para darse cuenta que las revueltas neonazis desestabilizadoras en Ucrania o el golpe de Estado al presidente constitucional Víktor Yanukóvich, van dirigidas a Rusia, plato fuerte en el supuesto banquete que organizan Estados Unidos y sus aliados europeos, cuyo postre a base de arroz, pretenden que lo sirva China, hoy el más fuerte rival de las economías del orbe.
Como antes en Siria y más reciente en Venezuela, los acontecimientos fascistas de Kiev azuzados por “leñadores” occidentales que avivan las sublevaciones “civiles”, ignoraron otra vez la opinión y participación mayoritaria de esos pueblos. Los habitantes de Crimea y de las regiones del este y sur de Ucrania, rechazaron la imposición del gobierno anticonstitucional y protestaron pacíficamente a través de manifestaciones cívicas acalladas con violencia terrorista interna y la anuencia internacional Occidental.
Rusia, para evitar el derramamiento de sangre de sus connacionales, llamó a Washington y Bruselas al diálogo pacificador, pero el consenso norteamericano y europeo nunca llegó: ¿Qué iba a hacer Rusia ante una Crimea que en referendo democrático decidió volver a sus orígenes patrios?
La aceptación y reconocimiento ruso de Crimea y las gestiones para llegar mediante el diálogo razonable a la paz en Ucrania, no son aceptadas por USA y sus incondicionales europeos que, de inmediato, acordaron sanciones económicas contra Moscú, al extremo de que el ministro de exteriores de Francia, Laurent Fabius, anunció que los líderes occidentales decidieron suspender la participación de Rusia en la cumbre del G8, cuya celebración estaba prevista para la ciudad rusa de Sochi el cuatro y cinco de junio.
Dmitri Peskov, portavoz de la presidencia rusa, dijo que: “Si un socio económico de una parte del mundo impone sanciones, prestaremos nuestra atención a otros socios en otras partes del mundo; el mundo no es unipolar, vamos a centrarnos en otros socios económicos”.
“Queremos mantener buenas relaciones con la Unión Europea (UE) y Estados Unidos, especialmente con la UE, ya que es el principal socio de la Federación de Rusia en el campo económico, de la inversión y del comercio. Nuestra mutua dependencia económica sugiere que necesitamos preservar unas buenas relaciones”, añadió Peskov.
Con anterioridad Estados Unidos y la Unión Europea notificaron sanciones contra funcionarios rusos después del referendo del pasado domingo en Crimea, cuando el 97% de sus habitantes votó a favor de su unión a Rusia.
Si Europa recibe de Rusia casi cinco millones de barriles de petróleo e importa el 40% de gas, en caso de respuestas rusas a las sanciones europeas, ¿cómo calentarán los hogares el próximo invierno y funcionará la transportación pública, comercial y privada limitada por la falta de combustible y electricidad?
La respuesta obvia, para una Europa en crisis, donde en Grecia, España y Portugal, ya asoman a los hogares los famélicos rostros del hambre y la miseria extrema.
