Por Mariela Peña Seguí/ Radio Cadena Agramonte.
Cuando llega el mes de mayo, ya empiezan a escucharse los tambores.
Más allá de las calles que limitan el segmento del Centro Histórico de la ciudad de Camagüey declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, hay otro mundo menos silencioso en las noches.
Allí, mayo trae desde el inicio los aires del San Juan.
La conga te sube por los pies, muchacha,
Tu cintura se mueve
Tus brazos vuelan
Y tu pelo se mece con los acordes del viento.
La conga te sube y te resbala después
Por el sudor de tu cuerpo
Y hay un hombre que quisiera sostenerte,
Pero lo engañan tus caderas.
La conga te sube y se te mete en el pecho
Y se estremecen las calles de tu cuerpo
Con el repique de tambores
Y la vida se detiene
Para verte pasar,
Para ver las palomas de tu pelo,
Muchacha.
La parte más antigua de la ciudad, donde la conga es costumbre y pasión, se llena cada noche de muchachos y muchachas, bailadores todos de ese ritmo contagioso, continuadores de una cultura heredada.
Y la añosa Puerto Príncipe de los negros cabildos vuelve a despertarse por las noches.
Y se alista para bailar la fiesta del San Juan a fines de junio.
Pero, mucho antes, desde que mayo comienza, los amantes de la conga, esos que generación tras generación no la abandonan, arrollan poseídos por el frenesí de la misma rumba que sus ancestros.
Y, más allá de las calles que limitan el segmento del Centro Histórico de la ciudad de Camagüey, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, hay otro mundo menos silencioso en las noches.
Allí, en los barrios oscuros y viejos, ya comenzó el San Juan. (Foto: Archivo)
