Siempre en lo más alto de Cuba, desde hace 64 años

Por Yudyth Villafranca Pedroso/ Radio Cadena Agramonte.

José Martí siempre estará en lo más alto de Cuba. Así lo decidió un grupo de personas el 21 de mayo de 1953, como homenaje al más universal de los cubanos en el centenario de su natalicio.

Según recoge el libro De cara al sol y en lo alto del pico Turquino, de Carlos Manuel Marchante, la idea surgió de la maestra pinareña Emérita Segredo Carreño, iniciativa fue bien recibida por un grupo de ex alumnos suyos, entre quienes se encontraba Gonzalo de Quesada y Miranda, hijo de Gonzalo de Quesada y Aróstegui, designado secretario del Partido Revolucionario Cubano por Martí.

Pero no fue hasta diciembre de 1952 que la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano de la Universidad de La Habana comienza a pensar en materializar el proyecto, el cual recibió con entusiasmo la escultora pinareña Jilma Madera Valiente, artífice del busto de la Fragua.

El doctor Roberto Pérez de Acevedo, presidente del Instituto Nacional de Arqueología y miembro de la Asociación, muestra un informe de la posible ejecución del plan y se propone como director técnico al doctor Manuel Sánchez Silveira, padre de Celia Sánchez Manduley, representante del Instituto de Arqueología en la antigua provincia de Oriente, quien conocía el Turquino.

En la reunión que se realizara el viernes 19 de diciembre de 1952, en La Habana, en la casa de Quesada, se reúnen con él Pérez de Acevedo y Silveira; este último se incorpora oficialmente y comienza a materializarse la idea.

Para colocar el busto, los trabajadores de Ocujal del Turquino lo suben al pico sin emplear mulos ni otra fuerza que no fuera la de sus manos, también llevaban los materiales y el agua.

La doctora Juana Lidia Orille Azcuy, autora de las palabras introductoras del libro, viajó hasta California por orden de Gonzalo de Quesada para invitar a María Mantilla a que visite Cuba. Ella llegó a la Fragua Martiana el día 29 de enero de 1953, vio en el lugar el busto hecho por Jilma y declaró que era el más parecido al Martí que recordaba.

El pedestal del monumento lo proyectó el arquitecto que diseñó el edificio de la Fragua: Antonio Luis Sánchez, joven integrante de la Asociación, y Jilma seleccionó la expresión martiana que se pondría en la tarja del pedestal, extraída de la carta de Martí a su amigo dominicano Federico Henríquez y Carvajal: «Escasos, como los montes, son los hombres que saben mirar desde ellos, y sienten con entraña de nación, o de humanidad».

Para honrar a Martí en el centenario de su natalicio se crearon dos comisiones: una que protagonizaría en el acto de Santiago de Cuba y la otra que subiría al Pico Turquino, en la cual se incluyeron los trabajadores de Ocujal del Turquino, quienes colocaron el busto unos días antes y en una posición en que siempre a la 1:00 de la tarde recibiera el Sol en plena cara, como sugiriera Quesada al doctor Silveira.

La escultura, de 163 libras, llevaba los pernos para su anclaje y la plancha con el texto martiano seleccionado. Los expedicionarios partieron desde la capital el 17 de ese mes en la Ruta 80 Santiago-Habana.

Y se alegraba de saber que subirían el Pico el periodista oriental Lavié y la misma Celia Sánchez, porque ambos tomarían vistas de lo que allá arriba ocurriera.

Llegaron a Santiago de Cuba el 18 de mayo. Visitaron el Diario de Cuba, el Museo Bacardí, el parque de Puerto Boniato, la Logia Caballero de la Luz, el Caney y el fuerte de El Viso.

El día 19 de mayo por la mañana se realizó el acto por la muerte de Martí en el cementerio de Santa Ifigenia. Entre otros oradores, habló Quesada. Se hizo una Guardia de Honor al Maestro y en esta participó Celia Sánchez, la única que no vistió entonces de verde olivo, ni tampoco su padre.

A a las 10:00 a.m. salieron desde la bahía de Santiago rumbo a Ocujal del Turquino en la goleta Glenda, guiada por Francisco Fernández Ruz, y la lancha La Berta, por Teófilo González Mantilla.

Navegaron 52 millas náuticas, unos 109 kilómetros de haber hecho el viaje por tierra. A las nueve horas de travesía desembarcaron en Bella Pluma. Pernoctaron en el Aserradero, cuyo administrador, Antonio Moreno, le había preparado condiciones.

A las 7:00 de la mañana del 20 de mayo, en un camión del Aserradero, partieron hacia Arroyo Naranjo. Poco después llegaron a Altos de Babiney, a tres mil 700 pies de altura (mil 127,7 metros); después a Altos de Cardero, posteriormente a La Cueva del Aura o Campamento Martí, como le llamaron los trabajadores de Ocujal que cargaron el busto, a cuatro mil 600 pies (mil 402 metros).

El develamiento del busto se proyectó para el 20 de mayo, pero se retrasaron en aquellas lomas y finalmente lo hicieron al mediodía del 21 de mayo de 1953, hace hoy 64 años.

«En este libro la verdadera historia de la colocación del busto, quiénes protagonizaron el hecho y la ruta escogida. Aquí solo hemos dado algunos detalles.

«Si no hubiera estado el busto de Martí allá en el Pico —dice Marchante—, seguiría siendo la montaña más alta de Cuba, pero no se hubiera convertido en un símbolo de la nación».

Y rememoró: «El primero de enero de 1959, Celia Sánchez fue —de aquella expedición— la única que vistió el verde olivo, pero en zafarrancho de combate, allí donde Martí dijo que hubiera querido estar cuando volara una paloma». (Fotos: PL y Archivo)

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