Unificación monetaria en Cuba: reto que deja octubre

Por  Pedro Paneque Ruiz/Colaborador Radio Cadena Agramonte.

Octubre se presenta como etapa de grandes acontecimientos y retos en toda la historia cubana. Comenzamos a luchar en grande por nuestra libertad el 10 de octubre de 1868, para de allí en lo adelante enfrentar y tomar decisiones en ese mes, pero de distintos años, hasta nuestros días, que hablan de la mayoría de edad de la nación.

En el orden económico y con la Revolución en el poder, en octubre de 1960 se nacionalizaron los centrales azucareros y la Banca privada, acciones que daban evidencias de un reordenamiento en este frente -hasta entonces en manos extranjeras, principalmente norteamericanas- y que desataron la ira del Imperio contra el atrevido y juvenil-revolucionario Gobierno de Cuba, que osó enfrentársele, lo cual desembocó en el bloqueo económico, comercial y financiero, que dura hasta nuestros días.

Las dinámicas aplicadas en estos 53 años han sido diversas, para poder subsistir y desarrollar el país, simultáneamente con la sustentación de programas de beneficio social para los cuales se erogan cuantiosos presupuestos, devenidos experiencias y beneficios compartidos con otros pueblos del mundo y permanentemente boicoteados por el enemigo común.

En medio de ese panorama y de una crisis económica mundial, Cuba da un paso trascendental en otro octubre, encaminado a materializar “el cronograma de ejecución de las medidas que conducirán a la unificación monetaria y cambiaria”.

Ello confirma el Lineamiento 55 de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobada por el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, que  plantea: "Se avanzará hacia la unificación monetaria, teniendo en cuenta la productividad del trabajo y la efectividad de los mecanismos distributivos y redistributivos. Por su complejidad, este proceso exigirá una rigurosa preparación y ejecución, tanto en el plano objetivo como subjetivo".

Por supuesto, el proceso lleva aparejado una reevaluación de la moneda nacional como parte del tránsito seguro y sin retroceso, que demanda disciplina para su aplicación bajo una concepción de cambio que “excluye la utilización de terapias de choque y el desamparo de millones de personas que caracterizan a las políticas de ajuste aplicadas en los últimos años en varias naciones de la rica Europa”, puntualización del General de Ejército Raúl Castro Ruz en el discurso de clausura de la primera sesión ordinaria de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), el pasado mes de julio.

Se trata ahora de ir, paulatinamente, sacando de la circulación el peso convertible (CUC), para dejar el tradicional (CUP), tan nuestro, con las efigies de José Martí, el Che Guevara, Antonio Maceo, Máximo Gómez, Camilo Cienfuegos, Calixto García y Carlos Manuel de Céspedes, y que retorne al aprecio del cubano trabajador, en justa retribución a sus resultados y aportes, mediante la faena honrada en cualquier esfera o modalidad.

El referido proceso comenzará por las personas jurídicas, como traza el dictamen del Consejo de Ministros, para, con el acrecentamiento de la productividad y la producción, ir sumando lo no estatal y la población en general, a la que está dirigida el mayor beneficio de la reevaluación de nuestra moneda, que mantiene por ahora la tasa de 25 pesos cubanos por CUC, y ampliará gradualmente su uso en la red de consumo minorista.

Esta decisión no lastrará patrocinios que sólo una verdadera Revolución socialista permite sostener, y avanzar en programas de entrega de tierra en usufructo gratuito con blandos préstamos bancarios, en préstamos y subsidios para la compra de materiales de construcción con el fin de mejorar el hábitat ciudadano, y un sinnúmero de facilidades más que amparan capítulos de la Ley de Seguridad Social y otras legislaciones, y a la que accede también el universo del trabajo no estatal y todo ciudadano cubano, sin distinción alguna.

Sin dejar de tener en cuenta esas realidades, el cubano de a pie espera, como ha sido práctica consecuente de su Revolución, un amplio proceso explicativo de la medida y lo que ella genere, que dé claridad al asunto y evite especulaciones e indebidas interpretaciones, unas de cosecha propia en el afán de hacer más llevadero el día a día, y otras que con toda mala intención dejen correr enemigos de afuera y los mercenarillos mal pagados de adentro, incluida la nueva casta de blogueros insatisfechos con todo y críticos de todo, pero que ni siquiera hacen proposiciones para mejorar o ser más eficientes.

Así echa a andar el proceder para la unificación monetaria en Cuba, que ya tiene detractores y vaticinios de fracaso por parte de aquellos que miran con malos ojos el seguro tránsito del perfeccionamiento de nuestra sociedad, aunque en contraposición está el apoyo de la gran mayoría de un pueblo que edifica y confía en su Revolución. (Imagen: Adelante)

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