Plaza del Carmen: Las «chismosas» de mármol y el alma de Camagüey

En la Plaza del Carmen, cuando el sol cubano comienza a templarse y, puntuales como un reloj, tres mujeres se sientan en sus taburetes. No traen cartera ni celular. Tampoco se mueven. Son de cerámica, pero en este rincón del Centro Histórico de Camagüey, parecen tener más vida que muchos transeúntes.

La historia de esta tradición no empieza en el barro, sino en la piedra. La iglesia de Nuestra Señora del Carmen, erigida entre 1823 y 1826, es la única en Camagüey que presume de dos torres gemelas. «Eso fue un acto de fe y de terquedad», explica el historiador local Jorge Fernández. «La ciudad siempre ha tenido problemas con los cimientos blandos. Construir dos torres era un reto; mantenerlas en pie, un milagro».

El templo, que en su interior guarda pinturas de los cuatro evangelistas en la cúpula, fue restaurado en el 2003. Pero las campanas no solo llaman a misa. Los vecinos aseguran que, durante las noches de luna llena, el sonido de estas torres se mezcla con los ecos de los antiguos cantos de los cabildos que poblaron la zona en el siglo XIX.

Si la plaza tiene un pulso, este se siente en el Callejón de Tula Oms, conocido popularmente como «El Callejón de la Misería». Con apenas ocho metros de largo y dos de ancho, es el pasaje más corto de la villa. Pero el verdadero imán de la plaza es el Conjunto Escultórico de Martha Jiménez, una serie de personajes de cerámica a tamaño real que conviven con el vecindario.

Las famosas «Chismosas» son el centro de atención. Tres mujeres en taburetes bajos, con posturas que sugieren complicidad y murmullos. La tradición manda que ningún visitante puede irse sin sentarse en el cuarto taburete vacío para formar parte de la «charla».

Junto a ellas, el Lector de Periódico recuerda aquella vieja costumbre cubana de leer la prensa en voz alta para los analfabetos; la Pareja de Enamorados revive los romances de la plaza; y un Carretillero de arcilla parece ofrecer agua fresca, evocando los oficios que desaparecieron con el acueducto. Por toda la plaza se encuentran enormes tinajones de barro que custodian las esquinas. Son un guiño a la memoria, Camagüey sin tinajón no es Camagüey.

La restauración de la plaza, realizada tras el nombramiento de la ciudad como Patrimonio de la Humanidad en 2008, devolvió estos recipientes a su lugar de honor. Hoy, los niños juegan a esconderse detrás de ellos y los jóvenes los usan como fondo para sus «selfies», manteniendo viva la tradición desde la modernidad.

En un mundo donde las plazas suelen ser solo pasillos de tránsito rápido, la Plaza del Carmen exige detenerse. Aquí, el que no se sienta a chismear con las esculturas, el que no se asoma al Callejón de la Misería o el que no toca un tinajón, no ha entendido nada. (Texto: Ana Laura Camacho La Rosa/ Radio Cadena Agramonte Foto: Tomadas de Internet)

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