Por Dania Díaz Socarrás/Radio Cadena Agramonte
Hoy, desde muy temprano, nosotras nos miramos y nos felicitamos. Todos los demás nos felicitan también. La costumbre de cada 8 de Marzo nos lo recuerda.
Pero, ¿decir felicidades para qué? ¿El deseo es que seamos felices de verdad?
Si es así, felicítame, pero antes, párate a pensar.
Yo, tú, una mujer, la que sea, para ser feliz necesita sueños y no dueños, sueños que se vayan haciendo realidad, necesita luchas, no aplausos vacíos.
Entonces, déjame estudiar lo que quiero, déjame trabajar en lo que quiero, que la "idiosincrasia" no manche lo que salvan las leyes. Si me quieres feliz, déjame ser y júzgame por lo que hago, nada más.
Una mujer, para ser feliz, necesita de sus hijos y sus nietos, de un apoyo familiar que a veces parece desgastarnos y luego desaparecer cuando cada quien toma su camino.
Entonces, déjame ir a esa consulta que por algo existe, deja que aprueben esa ley que me ayudará a tener un hijo en un vientre amigo, porque en el mío no puedo y lo deseo tanto como tú a tus hijos.
Deja que sea mi derecho, ahora más que nunca, ver a mis queridos nietos, pasar tiempo con ellos; déjame ahorrar las lágrimas que me generan las presencias con falta de cariño o las ausencias de los míos.
Una mujer, para ser feliz, necesita ver también felices a sus hijos, compartir esa suerte con ellos.
Permite entonces que mi hijo, mi hija, ese que va a la escuela con el tuyo, esa que en el trabajo comparte tu oficina, al que tantas veces has mirado mal por hablar o vestirse a su manera, escoja con quien casarse o formar una familia.
No frenes con ojos llenos de lástima a mi hija solo porque tiene una limitación, no la hagas sentir inferior a él porque sus pies, sus manos, sus ojos, sus oídos, cualquier parte suya no funciona igual que las de los demás.
Mejor, dame la felicidad de verlos realizados, que a mí no me importa si los llamo él o ella, si los llevo por la calle, si se esfuerzan el doble para hacer con una mano o un pie lo que haces tú con dos. Son mis hijos y los quiero bien, respetados por todos.
Una mujer, para ser feliz, necesita libertad, paz, confianza, como cualquier otro ser humano.
Déjame pues usar esa ropa, entiende que no es ella mi sello ni yo tu propiedad; deja ya de insultarme o golpearme, de hacerme sentir culpable luego por tus faltas, por las carencias que no has podido suplir; deja de hacerme creer que valgo menos aunque un día como hoy me colmes de regalos.
Déjame andar por las calles sin devorarme como un burdo plato, apóyame en esos pensamientos nuevos que si se hacen leyes me ayudarán a ser menos violentada.
Una mujer, para ser feliz, necesita decidir serlo a su manera, sin que nadie le diga cómo ni hasta dónde, sin que nadie le ponga los límites que ella misma no se quiere poner.
Permite que yo decida entonces algo más que la comida de esta tarde.
Si de verdad me vas a felicitar, ayúdame a ser feliz y no a decirlo. Déjeme tener las felicidades que en realidad merezco y quiero. (Foto tomada de Internet)
