Por Ricardo de la Paz Cervantes/ Radio Camagüey.
Ya resultan habituales los aplausos en muchos barrios de Cuba para reconocer la labor que realiza el personal de Salud en el enfrentamiento al nuevo coronavirus SARS-CoV-2, ese que parece totalizar desde hace un buen tiempo los pensamientos de la mayoría.
Justa y merecida resulta la ovación y no solo a los médicos, enfermeras y asistentes sanitarios, sino a todo aquel trabajador que arriesga su vida para asegurar los servicios que la población demanda en disímiles campos de la sociedad.
Tampoco, en estos momentos en los que se extienden las manos de la humanidad, los aplausos quedan relegados a un país, sino que traspasan fronteras para llegar a esas personas de otras naciones que también luchan contra la pandemia, a los familiares que se encuentran lejos y a los cubanos que brindan su mano solidaria en varias partes del mundo.
Sin embargo, en este tiempo en el que debe primar la colaboración entre las personas, algunos ciudadanos hacen gala de actitudes que no son para nada dignas de reconocimiento; si acaso, motivo de preocupación.
Desde el incumplimiento de las medidas higiénico sanitarias hasta la minimización mental de la gravedad del momento, se extienden estas actitudes, que, como enfermedades silenciosas, pueden contagiar a todos mortalmente.
También demostraciones como la mezquindad o la indolencia en estos tiempos son males que atentan contra la condición moral de los individuos, pero, sobre todo, laceran el respeto de aquellos que arriesgan su vida para salvaguardar la de otros.
La cura se hallará, entonces, en el examen que hagamos de nosotros mismos para contribuir con el correcto actuar a combatir a la pandemia, pues estos tiempos demandan que seamos un tilín mejores y mucho menos egoístas.
Será así que el reconocimiento al personal de Salud no quedará en la noche, sino que nos uniremos a los ovacionados como ciudadanos que contribuimos también a salvar a la humanidad. Ese será siempre, el mejor de los aplausos. (Foto: radiocubana.cu)
