Por Elianis Cutiño López/ Radio Cadena Agramonte.
El paso por la universidad es para algunos una gran alegría. Sin embargo, puede llegar a convertirse en una preocupación si lo jóvenes no son capaces de adaptarse a las nuevas condiciones.
Tania, con apenas 18 primaveras de vida cursa el primer año de la Universidad fuera de su provincia natal, y esto, en vez de hacerla sentir completamente feliz, la tiene tan preocupada como lo hacían aquellos meses previos a la “temida” prueba de ingreso.
Sería lo más normal pensar en esta nueva etapa como la más retadora para su escasa edad, pero Tania se siente bajo un enorme peso: “la Universidad no es como yo me imaginaba” – dice.
La beca, la comida del comedor, el nuevo sistema evaluativo, las responsabilidades al estar lejos de casa son los principales obstáculos para que el paso de una enseñanza a otra sea más parecido a un período de tránsito que a un choque de serias consecuencias.
Fortunas y desventuras
Una parte de los estudiantes de la Enseñanza Media Superior sueñan con ingresar a la Universidad, la ven como una de sus máximas aspiraciones, la cúspide y, a la vez, la recompensa, luego de un largo proceso de estudios y sacrificios.
Pero las expectativas de los neófitos universitarios no solo se resumen en convertirse en verdaderos y respetados profesionales, sino que también incluyen el disfrute de cada día de los próximos años.
“La Educación Superior está hecha para las megamentes pero vale la pena intentarlo, pues una vez allí, eres libre de tomar tus decisiones y, además, hay muchísimas actividades para combinar con el estudio” – comenta una estudiante de 12mo grado del Instituto Preuniversitario Vocacional Máximo Gómez Báez de Camagüey.
En la etapa de la adolescencia es crucial sentirse más independiente para poder dedicar tiempo a la diversión, los amigos e incluso los amores, y por eso muchos prefieren el ambiente de la enseñanza superior, en ocasiones sin conocer el verdadero peso de la responsabilidad.
Desvelos a la basura
Podría calificarse como el terror de los alumnos provenientes de municipios o provincias lejanas, pero de la capacidad de adaptarse a las nuevas condiciones de vida depende en gran medida el éxito de la nueva etapa; la residencia estudiantil, también representa para muchos el lugar donde se forjan las verdaderas amistades o se adquieren habilidades que los acompañarán por siempre.
Para quienes pasaron parte de su vida becados, el cambio no suele ser muy traumático, mientras, para los nuevos internos, se puede hacer muy difícil acomodarse a la rutina, a la convivencia o a la comida.
Estar lejos del hogar se vuelve insoportable para algunos, pues las comodidades de las cuales solían disfrutar ya no son las mismas; entonces, les corresponde a ellos crear un lugar satisfactorio para el estudio, aprender a dormir con la luz encendida y con el ruido de conversaciones ajenas, tomar valor para bañarse con agua fría o aprender a cocinar.
Para ayudar a una mejor adaptación están los instructores educativos de los dormitorios, o los encargados de la beca, pues su labor es, precisamente, instruir o guiar por el buen camino a “los de primero”. Darcy, una de esas responsables, opina:
“Los estudiantes deben reconocerlo: aquí ya no están como en el pre, nadie los sigue, son mayores de edad. Deben amar la Universidad y verla como el lugar donde van a aprender todo lo necesario para el futuro. Muchos, llegan con la incertidumbre: “¿nos vamos o nos quedamos?” Y en eso nosotros intervenimos, para hacerlos reflexionar porque si ya pasaron una prueba de ingreso, cómo van a abandonar ahora!
“Lo sabemos, la beca no tiene todas las condiciones necesarias, sin embargo nunca dejamos de trabajar por el bienestar de los alumnos. Además, debemos fomentar más la unión beca- Facultad, porque depende en gran medida el rendimiento de los muchachos. La residencia tributa a la facultad y debería ser también en sentido inverso”.
Dar la talla
Para completar el cuadro, no se puede hacer a un lado la tarea número uno de todo joven universitario: el estudio, y este puede significar la mayor preocupación tanto para hijos como para padres.
Un primer punto a tener en cuenta, por el impacto que causa, es el nuevo sistema de evaluación, mucho más exigente que el antes conocido, por lo que pone a todos a correr detrás de los seminarios, talleres, clases prácticas, evaluaciones sistemáticas, trabajos extra clase, de control, pruebas finales, extraordinarios y mundiales.
Reynier, estudiante de tercer año comenta: “Si algo te enseña la Universidad es a no morir por no tener notas perfectas, aunque al principio duele más adaptarse, con el tiempo se aprende a asimilar que una mala calificación no te hunde para siempre; esa es una de las ventajas del sistema de evaluación”.
Si bien es cierto que los profes son más exigentes, también lo es el hecho de su excelente preparación y su capacidad de comprender cualquier situación del estudiante. Por eso, sería importante reconocer en ellos a los principales apoyos con quienes compartir dudas, anhelos o decepciones.
Como adulto ante la ley, el joven también aprenderá a tomar las riendas de su vida y no permitir a mamá o papá la injerencia indiscriminada en los asuntos escolares, pues aunque existen padres preocupados, también los hay quienes desearían suplantar el papel de sus hijos y viven “detrás” de ellos para controlarlo todo.
Al respecto, Karla, una de las profesoras, da sus impresiones: “El apoyo de la familia es crucial durante esta etapa para lograr una mejor adaptación y aprovechamiento del tiempo. Es necesario que el estudiante universitario vaya más allá de los compromisos familiares, no solo se trata de aprovechar la etapa, sino de vivirla pues la van a extrañar muchísimo”.
Dentro de la vida estudiantil ocupa un lugar privilegiado la participación en las actividades culturales y deportivas, pues la casa de altos estudios pretende formar profesionales integrales en todas las aristas de la vida, y también, la convivencia con compañeros de clase o de vida, está determinada por todo tipo de actividades donde se forjan fuertes lazos de amistad.
De hecho, es bueno destacar que la mayoría de las carreras distribuyen las plazas laborales en dependencia, además, del rendimiento académico, de la integralidad alcanzada por el alumno a lo largo del tiempo de estudio.
De esta manera, los Festivales de Artistas Aficionados de la Federación Estudiantil Universitaria, donde cada Facultad defiende su clasificación a niveles superiores, son de las primeras actividades donde se ponen a prueba las habilidades histriónicas de los jóvenes.
También los amantes del deporte tienen su espacio, pues cada universidad desborda creatividad y júbilo en los juegos deportivos.
También tienen su punto fijo las fiestas dentro y fuera de la escuela, los conciertos, visitas a lugares de interés o conversatorios con personalidades destacadas, todas ellas actividades muy seguidas y gustadas.
Como se ha demostrado, no son el negro o el blanco los colores para pintar la experiencia universitaria, pues ella está matizada por toda la amalgama existente.
Los nuevos tiempos suponen grandes desafíos, sobre todo para los adolescentes cubanos, pero en la opinión de Yanely, alguien que ya ve a la educación superior por un espejo retrovisor, va el sentir de tantos: “Al principio es muy difícil, pero una vez acostumbrados, la Universidad se vuelve la mejor etapa de tu vida. De aquí salen los amigos verdaderos, los recuerdos inolvidables; solo debemos saber cómo hacernos más fuertes ante las adversidades, disfrutar las experiencias y afrontar nuevos desafíos, a dar la talla como un joven de estos tiempos”. (Foto: Archivo)
