Reino Unido, 12 oct.- Un incidente que ha provocado reacciones de indignación y tensiones diplomáticas: la casa de subastas Swan, ubicada en Tetsworth, Reino Unido, canceló la venta de un lote de restos humanos y ancestrales de diversas comunidades del mundo. Entre los objetos destacados se encontraba el llamado “cráneo humano naga”, un objeto del siglo XIX vinculado con la comunidad indígena naga, originaria del noreste de India. La presión del Gobierno indio y activistas culturales resultó decisiva para que el evento no se llevara a cabo.
El origen de la controversia radica en la inclusión del cráneo con cuernos de animal, el cual, según los reportes, habría sido parte de la colección privada del arquitecto belga Francois Coppens. Esta pieza formaba parte de un lote que incluía un total de 22 cráneos y cabezas reducidas, ofrecidos como artículos de colección en la subasta, según informó The Times of India.
El ministro principal del estado de Nagaland, Neiphiu Rio, fue uno de los primeros en alzar la voz, calificando la subasta como una afrenta a los valores y tradiciones de su comunidad. En una carta dirigida al ministro de Asuntos Exteriores de la India, Subrahmanyam Jaishankar, solicitó la intervención del Gobierno central para detener la venta. "Es un asunto muy emotivo y sagrado", escribió Rio, subrayando que los pueblos naga mantienen la tradición de otorgar el máximo respeto a los restos de los fallecidos.
En sintonía con la protesta del ministro, el Foro para la Reconciliación Naga (FNR) condenó la subasta, calificándola de “inhumana y violenta”. La entidad respaldó la postura de Rio y enfatizó la urgencia de cuestionar que en pleno siglo XXI los restos humanos sigan siendo tratados como objetos de comercio. La pieza retirada había sido valorada inicialmente en 4.000 libras esterlinas (equivalentes a unos 5.300 dólares), lo que suscitó un profundo malestar entre los miembros de la comunidad indígena.
El conflicto en torno a esta subasta no se puede entender sin considerar la historia de violencia colonial que marcó las relaciones entre los naga y el Imperio Británico. El primer contacto entre ambos tuvo lugar en 1832, cuando las autoridades británicas abrieron una ruta terrestre desde Manipur hasta Assam, pasando por las colinas naga. Entre 1839 y 1851, los británicos llevaron a cabo una serie de incursiones punitivas en la región, consolidando su dominio sobre los pueblos de las montañas.
Durante este periodo, los naga fueron etiquetados por el poder colonial como “salvajes” y “cazadores de cabezas”, términos que aún hoy persisten como estigmas culturales. Según Wati Aier, líder del FNR, la pieza puesta en subasta simboliza el legado de violencia y despojo que sufrió la comunidad bajo el colonialismo británico.
Sanghamitra Mishra, académica especializada en la historia de la región, señala que los intereses británicos en las colinas naga eran, en un inicio, estratégicos y comerciales. El descubrimiento de plantaciones de té en 1843 reforzó la necesidad de anexar la región y motivó a las autoridades a establecer guarniciones permanentes. De esta forma, la expansión militar y económica se convirtió en un pilar de la ideología colonial en la zona.
El debate también ha abierto una reflexión más amplia sobre el manejo del patrimonio cultural de las comunidades indígenas. Según Alok Kumar Kanungo, del Instituto Indio de Tecnología Gandhinagar, aunque los naga cuentan con un vasto legado cultural que abarca la arquitectura, la artesanía en madera, los textiles y la metalurgia, las narrativas coloniales han reducido su identidad a la práctica de la “caza de cabezas”, distorsionando su historia.
Durante los siglos XVIII y XIX, el auge del coleccionismo y el movimiento museístico en Europa impulsó la recolección masiva de objetos procedentes de culturas indígenas. Kumar reveló que más de 6 466 objetos naga fueron adquiridos por instituciones británicas. Entre ellos, el Museo de la Universidad de Cambridge y el Museo Británico poseen actualmente más de 1 000 piezas en sus colecciones. Muchos de estos objetos tienen un profundo valor emocional y simbólico para la comunidad naga, lo que agrava aún más la indignación por su venta o exposición fuera del contexto cultural original.
Laura Van Broekhoven, directora del Museo Pitt Rivers en Oxford, expresó su rechazo categórico hacia la subasta. En una entrevista con la BBC, afirmó: “Es realmente irrespetuoso y desconsiderado poner estos objetos en venta”. Sus declaraciones reflejan una postura creciente dentro de la comunidad museística internacional, que aboga por la devolución de artefactos y restos humanos a sus lugares de origen.
El incidente pone de relieve los dilemas éticos que rodean el comercio de restos humanos y objetos culturales. Aunque la casa Swan finalmente accedió a cancelar la subasta tras la presión internacional, el caso plantea interrogantes sobre la legitimidad del mercado de antigüedades que involucra bienes de origen indígena. Activistas y expertos coinciden en que la restitución de estos objetos es un paso necesario para reparar las heridas del colonialismo y restablecer la dignidad de las comunidades afectadas. (Texto y Foto: Cubadebate)
