En el Estrecho de Lepanto, Grecia, tuvo lugar la victoria naval de Don Juan de Austria contra los turcos. En la galera Marquesa se encontraba un soldado, llamado Miguel de Cervantes y Saavedra, quien a pesar de la fiebre que lo atenazaba, peleó con bizarría. Pero como toda su vida, hasta que cerró los ojos, fue una larga serie de calamidades y desventuras, recibió tres arcabuzazos, uno de los cuales le dañó el brazo izquierdo. De este combate emergió con cartas que abonaron su heroico comportamiento y, a partir de entonces, la Historia lo acuñó con el sobrenombre de «El manco de Lepanto».
