El 29 de octubre de 1988, aproximadamente a las once de la mañana, 14 pescadores del Arauca venezolano son asesinados a sangre fría por los integrantes del Comando Específico José Antonio Páez, (CEJAP), un escuadrón con apenas un año de conformación e integrado por funcionarios policiales y militares. El asesinato ocurre en el Caño La Colorada, aledaño a la población de El Amparo, un pequeño pueblo de 8 mil habitantes ubicado en el Municipio Páez del estado Apure, pegado a la frontera con Colombia. A pesar de que las víctimas usaban la ropa menuda de las faenas de pesca, y eran vecinos conocidos por la comunidad, los jerarcas militares los presentan a los medios de comunicación como miembros de un grupo guerrillero con intenciones de sabotear un oleoducto de petróleo y secuestrar a los ganaderos de la zona. Dos pescadores logran escapar de la emboscada criminal y el pueblo, indignado por los señalamientos, los defiende valientemente de una patrulla militar con órdenes de aprehenderlos. Gracias al testimonio de Wollmer Pinilla y José Augusto Arias se refuta la versión oficial que aseguraba que se había producido un enfrentamiento con fuerzas irregulares. Con lujo de detalles relatan, confirmado por la posterior exhumación de los cadáveres, que aquello había sido una carnicería contra civiles desarmados, quienes se encontraban en la zona con la intención de atrapar coporos y cocinar una sopa de pescado. Aquel crimen, conocido como la Masacre de El Amparo, genera protestas en toda Venezuela y se convierte en símbolo de la violación de derechos humanos de la época.
