¿Quién podría haberle dicho a Mariana que 200 años después de haber vivido, su nombre y su historia serían aún honrados y recordados?
Doña Mariana, la del vientre fecundo, la de la palabra fuerte, la de las dulces manos para acariciar a todos los hijos de la Patria como si fueran propios.
Poco antes de ocurrir la desaparición física de Mariana Grajales, José Martí le hizo una corta visita en Jamaica, durante el período en que ella permaneció con una parte de su familia en el exilio, en Kingston, su capital.
Luego de su fallecimiento, el Apóstol se refiere a ella en el periódico Patria:
“Con su pañuelo de anciana a la cabeza, con los ojos de madre amorosa para el cubano desconocido, con fuego inextinguible, en la mirada y en el rostro todo, cuando se hablaba de las glorias de ayer, y de las esperanzas de hoy, vio Patria, hace poco tiempo, a la mujer de ochenta y cinco años que su pueblo entero, de ricos y pobres, de arrogantes y de humildes, de hijos de amo y de hijos de siervo, ha seguido a la tumba, a la tumba en tierra extraña. Murió en Jamaica el 27 de noviembre ”.
“Su marido y dos hijos murieron peleando por Cuba, y todos sabemos que de los pechos de ella bebieron Antonio y José Maceo las cualidades que los colocaron a la vanguardia de los defensores de nuestras libertades”.
Su nombre y su entereza han inspirado a varias generaciones de mujeres cubanas.
Y a 200 años de su natalicio, la Patria la honra agradecida. (Mariela Peña Seguí/Radio Cadena Agramonte).
