Socialismo: garantía y escudo de la nación cubana

Por Ángel Rodríguez Álvarez/AIN

Fue como un Baraguá aquel 16 de abril de 1961, cuando el pueblo miliciano, con los fusiles en alto, juró defender la Revolución Socialista de “los humildes, por los humildes y para los humildes”, que el Comandante en Jefe acababa de proclamar en la desde entonces histórica esquina habanera de las calles 23 y 12.

Aquel anuncio, tras el sepelio de las siete víctimas de los bombardeos a los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, fortaleció aun más el espíritu de lucha del pueblo frente a la criminal agresión mercenaria preparada por el Gobierno de Estados Unidos.

Ese día de dolor y combate se perfilaba con absoluta nitidez el único camino posible para encauzar hacia su definitiva materialización el arduo proceso emancipador iniciado el 10 de octubre de 1868. Esa convicción haría viable garantizar, con lucha, trabajo y sacrificios, valores cruciales para los cubanos como identidad, soberanía, independencia y libertad.

El advenimiento del Socialismo fue fruto del devenir histórico que arrancó con la alborada de La Demajagua, siguió con la Protesta de Baraguá y alcanzó estatura de nación bajo la estrategia martiana de una Patria con todos y para el bien de todos.

A ese ideario independentista que no murió con la instauración de la república neocolonial, se insertaron como savia nueva las ideas marxistas de Carlos Baliño y Julio Antonio Mella, las experiencias de los fracasos y aciertos de los luchadores anti oligárquicos que precedieron a la Generación del Centenario y se hizo horizonte con el Mocada para desembocar en la lucha armada con el Ejército Rebelde, que llevó al pueblo al poder bajo el pensamiento y la acción de Fidel.

La ideología de la Revolución cubana se forjó en el fragor de esa lucha de pensamiento y acción. El Socialismo se sumó a ella por un proceso natural y lógico, por una simple y trascendental razón: el combate por la independencia nacional desde sus orígenes se libró con el filo de las ideas de avanzada de la humanidad.

El Socialismo desató un proceso inédito de identificación, clarificación, fusión y simbiosis con el legado patriótico que no ha dejado de expresarse y crecer. Nuestra ideología nace de ese parto fecundo; es, a la vez, el taller donde el pensamiento socialista cubano se renueva y crece apegado al humanismo y a la realidad de ese tiempo.

Bajo el influjo de la Cultura y el conocimiento como soportes esenciales de la libertad, el Socialismo puede librarse de los esquemas y dogmas para retribuirle a la sociedad la vigencia de sus postulados como estrategia, norma, camino y meta: la del hombre pleno, como expresión suprema del género humano.

Cuba sigue siendo hoy ejemplo para el mundo, alternativa de una sociedad justa, paradigma de dignidad, valentía y firmeza ante los desafíos que encara con alarma y preocupación la humanidad.

Esa postura es resultado elocuente de nuestro Socialismo que continúa, como nunca antes, emergiendo cual garantía y escudo frente a la voracidad y prepotencia  imperiales.

Nuestro Socialismo está indisolublemente ligado al destino de la Patria. Así quedó refrendado por el pueblo cubano  desde aquel 16 de abril de 1961, con los fusiles en alto, junto al valor y la sangre,  que selló horas después con la victoria en Playa Girón. (Foto: Archivo)

 

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