Por M.Sc. María Delys Cruz Palenzuela/Adelante
Las serias dificultades por las que atravesaban las fuerzas cubanas luego de casi una década de guerra condujeron a no pocos jefes militares a aceptar el Pacto del Zanjón en febrero de 1878, tras diez años de una guerra devastadora.
Pese al éxito en la labor de pacificación obtenido por el jefe español Arsenio Martínez Campos, en Las Villas se continuó combatiendo bajo las órdenes de Ramón Leocadio Bonachea, quien se mantuvo en la zona de Sancti Spíritus, y en Oriente Antonio Maceo y sus aguerridas huestes no cejaban en sus ataques demoledores.
Maceo, hombre de procedencia campesina, mulato que había ascendido por sus extraordinarios méritos como el valor, la lealtad, la disciplina, en las que había educado y formado a los jefes y soldados de las tropas bajo su mando.
En Camagüey, uno de los territorios más devastados por la contienda, habían cesado las operaciones desde finales de diciembre de 1877, de ahí que el territorio favoreciera la reunión en la que se acordó la paz.
Pero como ya hemos apuntado, Maceo seguía combatiendo en Oriente, por citar algunas acciones importantes, están el combate de la Llamada de Juan Mulato, el 4 de febrero del 78, en el que con poco más de 30 hombres liquidó el Batallón de Cazadores de Madrid; el día 7 derrotó al famoso batallón de San Quintín, del que solo escaparon ilesos 25 hombres.
Enterado el Titán de Bronce de lo sucedido en Camagüey manifestó:
Cuando el general Martínez Campos propone o acepta una transacción, un arreglo, ha sido porque, con su experiencia de lo que es esta guerra estaba convencido de que nunca nos vencerá por medio de las armas…
No se equivocaba, porque en aquellos momentos, si bien es cierto que las fuerzas cubanas tenían una situación difícil, la de los españoles no era nada ventajosa, pues solamente en los últimos tres años la guerra le había costado a España unos cien millones de pesos y no menos de cien mil hombres habían perecido durante la contienda.
Con su extraordinaria visión política, y el ímpetu de las últimas victorias, no podía aceptar el Pacto del Zanjón, considerando erróneo haber establecido conversaciones con el enemigo, sin que ello fuera conocido por los integrantes del Ejército cubano, y aún más, no admitía que se pactara la paz sin independencia y sin la abolición de la esclavitud.
Aquel mulato oriental, que a filo de machete se había ganado los grados de mayor general del Ejército Libertador, protagonizaba en este momento una protesta contra lo pactado días antes; nuevamente se entablaba un diálogo con el enemigo, pero ahora en condiciones muy distintas.
… bueno, si Maceo quería continuar la guerra, ¿para qué tenía que reunirse con Martínez Campos y decirle que estaba en desacuerdo con la paz?… apuntaba Fidel Castro en su discurso por el centenario de la histórica fecha.
Había una razón muy importante, proseguía el Máximo Líder de la Revolución, de la misma forma que en el Zanjón se había oficializado, en nombre del pueblo en armas, el cese de la guerra, Maceo quería incuestionablemente, ante el mismo jefe y ante las mismas autoridades españolas expresar oficialmente su desacuerdo con el Pacto del Zanjón…
… en la Protesta de Baraguá, no se planteó sólo la independencia, sino también, de ser esto posible, por lo menos, la libertad de los esclavos o seguiría la lucha; lo que le da una magnitud que tal vez no resaltaron en el pasado los burgueses, limitándose sólo al punto de la independencia, queriendo ignorar este aspecto político de la Protesta, cuando la esclavitud era el problema social más importante de la época. La liberación y el cese de la esclavitud era, desde el punto de vista social, una de las más justas demandas de los revolucionarios en armas . Y por eso, ¡qué hermoso camino desde el instante en que Carlos Manuel de Céspedes libera a los esclavos, hasta el minuto en que Maceo le plantea a Martínez Campos en Baraguá la libertad de los esclavos como condición mínima para que pudiera haber paz en nuestro país…
En los Mangos de Baraguá, el 15 de marzo de 1878, Antonio Maceo, interpretando los ideales de los cubanos, borraba El Zanjón para dejar intacta la bandera de la Revolución.
En Baraguá quedó plasmada la decisión del pueblo de Cuba de llevar adelante la lucha por la independencia, de abolir la esclavitud, dejando marcado el sedero a nuevas batallas.
Aquel histórico momento llega hasta nuestros días indicando el único camino a seguir por los cubanos, el de la intransigencia.
