El Teatro: Escudo y espada de la nación cubana

Por Mariela Peña Seguí/ Radio Cadena Agramonte.

El 22 de enero de 1869, mientras se ofrecía la función de la obra “Perro huevero, aunque le quemen el hocico”, en el otrora teatro Villanueva, por una compañía de arte bufo, un popular guarachero de la época, llamado Jacinto Valdés, le dio vivas a Cuba libre.

Era el teatro Villanueva propiedad de don Miguel Nin y Pons -el suegro de Rafael María de Mendive, el maestro de José Martí- y sobresalía por presentar obras con un sutil trasfondo político, que cada vez tomaba tintes mucho más patrióticos, lo cual no era desconocido por las autoridades coloniales.

Para esa noche, la del 22 de enero de 1869, los ánimos estaban caldeados y la pieza había sido anunciada en beneficio de unos insolventes. Recogen las crónicas de la época que las mujeres en actitud de rebeldía acudieron a la presentación con sus cabellos sueltos y una estrella solitaria en la cabeza, mientras los vestidos estaban adornados con cintas de los colores de la enseña nacional.

Cuenta el teatrólogo Rine Leal, en su libro “Breve historia del teatro cubano”, que hasta una de ellas tremoló desde su palco una bandera cubana; pero el Cuerpo de Voluntarios, que no quería ser sorprendido como en la noche anterior, había ido preparado y al escuchar los aplausos del público, irrumpió con tiros, espadas y bayonetas.

Aquella matanza duró tres días y nunca se supo el número exacto de las víctimas, porque el Gobierno colonial vetó a la prensa hablar sobre los hechos, levantando así un muro de silencio.

Pero el joven José Martí, testigo muy cercano de los sucesos, no pudo callar tanta crueldad y volcó en unos versos su conmoción: 

El enemigo brutal/ nos pone fuego a la casa/ el sable la calle arrasa/ a la luna tropical. /Pocos salieron ilesos/ del sable del español/ la calle al salir el sol/ era un reguero de sesos./ Pasa entre balas un coche/ entran llorando a una muerta/ llama una mano a la puerta/ en lo negro de la noche./ No hay bala que no taladre/ el portón y la mujer / que llama me ha dado el ser/ me viene a buscar mi madre./ A la boca de la muerte/los valientes habaneros/ se quitaron los sombreros/ ante la matrona fuerte/ y después que nos besamos/ como dos locos me dijo:/¡Vamos pronto, vamos hijo. / La niña está sola, vamos!/

Los sucesos del Villanueva fueron el preludio de la agitación que estremecía a la Isla desde Oriente hasta Occidente, y demostraron que es la Cultura escudo y espada de nuestra nación.

A propósito de aquella revuelta, el 22 de enero se celebra el Día del Teatro cubano, desde 1980. (Foto: Archivo)

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