¿Cómo se ajusta el reloj interno en los humanos?

Ottawa, 2 jul.- Un equipo internacional de científicos descubrió que el reloj corporal o circadianao se reajusta cuando el fosfato se combina con una proteína, denominada eIF4E, en el cerebro.

Este proceso, conocido como fosforilación, es activado por la luz; pues estimula la síntesis de proteínas específicas que desempeñan un papel fundamental en el reajuste del reloj, sincronizando su ritmo con el ciclo ambiental diario, explica un artículo publicado en el más reciente número de la revista Amazings.

El texto explica que la investigación estuvo liderada por la Universidad McGill y la de la Concordia, ambas en Montreal, Canadá; y se realizó en ratones pero con resultados potencialmente aplicables a humanos.

El profesor Nahum Sonenberg, al frente del estudio es el primero en revelar un mecanismo que explica cómo regula la luz la síntesis de proteínas en el cerebro, y cómo afecta esto a la función del reloj circadiano.

"Revelamos una diana potencial para tratar varios trastornos: alteraciones del sueño, anomalías metabólicas, cognitivas y de comportamiento, asociadas habitualmente con el jet lag (el desfase al viajar a través de varias zonas horarias en poco tiempo), explicó el experto.

Igualmente influyen en estas alteraciones los ajustes drásticos continuados del horario para dormir por cambios en el turno laboral, la exposición excesiva a la luz durante la noche, y afecciones neuropsiquiátricas tales como la depresión.

El reloj circadiano es el cronómetro interno presente en casi todos los organismos que ayuda a sincronizar los procesos biológicos con el día y con la noche; y el primario del cuerpo humano reside a gran profundidad en el cerebro.

Existen relojes biológicos locales en tejidos, incluyendo los del páncreas, el hígado, los pulmones, el corazón y los músculos esqueléticos, puntualizó la investigación.

Los mismos trabajan con arreglo a un ciclo circadiano (de 24 horas) que programa en el tiempo cosas tan importantes como cuándo dormir, despertarse, sentir hambre, e indirectamente la temperatura corporal, la actividad cardíaca, el consumo de oxígeno, el balance de fluidos, la secreción de insulina, y otras. (PL) (Imagen: Archivo)

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