Caminar por el Casino Campestre de Camagüey es un abrazo al corazón de todos los que aman la naturaleza y, también, un recordatorio de todo lo que se pierde.
Cada 22 de abril se celebra el Día Mundial de la Madre Tierra, una fecha para mirar a profundidad los daños que existen en el ecosistema. Los ríos se secan, los bosques arden con incendios más frecuentes, el aire está compuesto en su mayoría por humo y unido a esto se encuentra una insensibilidad casi colectiva hacia la naturaleza, malas prácticas, impunidad y una carencia de Educación Popular Ambiental.
En este pequeño fragmento de isla existe una red, que en los últimos 25 años, creó proyectos ambientales nacionales e internacionales de conciencia y sensibilidad ambiental dirigidos a niños, adolescente y jóvenes que son una inversión profunda en el presente y futuro de las comunidades.
La Red de Educadoras y Educadores Populares de Camagüey (Red EP) “Colibríes de la Comarca” se ciñe de compromiso por la Tierra. Desde su propio espacio local trabajan y viven para hacer su parte y suman nuevos brazos que honren el entorno.
Para ellos no existen fronteras a la hora de proteger la vida. Por eso, entre las acciones que destacan en su hacer diario está reducir lo que contamina y consume desde la conciencia, la defensa de los árboles, ríos y suelos como guardianes de lo sagrado; tejer redes de cooperación que abracen la diversidad y justicia, diseñar procesos ambientales, participativos y comunitarios que tributen a experiencias acompañadas y educar a niños en el amor por la naturaleza desde la Educación Popular.
Una de las acciones de educación ambiental que crearon es la Fábula del Colibrí, en donde hacen cosas sencillas desde lugares pequeños como promesa de que si cuidamos la Tierra, ella cuidará a quienes la habitan. La Red EP hace un llamado a tomarle el pulso a la Tierra, escuchar sus latidos y su voz, a responder las malas acciones prácticas con acción, ternura y valentía.
Cada año el mundo desaparece, cientos de especies se une al listado de “especies en peligro de extinción”, sin embargo las semillas que germinan, cada gota de agua que se cuida, cada gesto de solidaridad es una esperanza. Si la Tierra clama respondamos con semillas, si la Tierra llora, con árboles la abrazamos. (Texto: Ana Laura Camacho La Rosa/Radio Cadena Agramonte)
