No es tecnología, son manos: la lección de la Diez de Octubre

A casi sesenta kilómetros de la capital provincial, entre el olor a mar Caribe y la persistente neblina de combustión, la Central Termoeléctrica (CTE) Diez de Octubre se erige como un titán de hierro de 57 años.

En lo que va de 2026, sus 624 hombres y mujeres no solo han lidiado con la escasez de piezas para mantener esta mole industrial, sino que lo han hecho apelando al ingenio, la ciencia y al esfuerzo sobrehumano de quienes trabajan aquí.

La Díez de octubre es una de las más estratégicas para compensar las cargas del oriente del país, y su aporte, junto a las otras centrales, es vital para la estabilidad del Sistema Electroenergético Nacional (SEN).

Y es que el 2026 está siendo un año de vaivenes. A pesar de las clásicas roturas y emergencias, el espíritu de terquedad que reina en este lugar les ha permitido recuperarse rápido y poner sus máquinas a tirar megavatios.

A simple vista, este sindicato podría lucir añejo, pero lo que primero sorprende al recorrer sus talleres es la cantidad de rostros jóvenes que, con profundo orgullo, asumen responsabilidades críticas.

Reyser Leandro Reina Pérez, de 28 años, es el especialista principal del Taller Químico. Su historia comienza cuando entró a la industria hace siete años a operar la planta de Ósmosis.

Hoy cursa su sexto año de Ingeniería Química y su proyecto de innovación para recuperar el oxígeno no solo ahorra dinero al país, sino que le permite estar homologado para trabajar en cualquier planta de la isla. Pero Reyser no es el único.

Los muchachos de la Diez de Octubre no le huyen al trabajo pesado. En el área de producción, los jóvenes ingenieros se enfrentan a calderas que datan de los años 80 y que requieren una vigilancia constante.

Son ellos quienes, junto a los técnicos de oficio, resuelven las averías en tiempo récord. Ante las cámaras, aseguran que su principal meta es mantener el aporte de generación.

Muy lejos quedaron los tiempos en que la industria pesada era un feudo exclusivo de los hombres. Dentro de los pasillos ruidosos y las oficinas técnicas, las mujeres se han ganado un espacio a base de talento y osadía.

Su labor ha sido tan destacada que protagonizan eventos técnicos como el Mujeres Creadoras, auspiciado por la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR).

Estas especialistas presentan alternativas novedosas para la producción y el funcionamiento de los bloques, logrando suplir la falta de repuestos mediante la ciencia aplicada.

Las cifras de lo que se ahorran al fabricar piezas localmente son millonarias, un paliativo directo contra el férreo bloqueo económico impuesto por Estados Unidos.

Detrás de cada soldadura y de cada guardia nocturna hay un drama humano que pocas veces se cuenta. La familia de estos trabajadores es el gran sostén silencioso, y el director de la planta, Jorge Luis Maceira Esteva, lo sabe bien.

Con lágrimas en los ojos y un acento cargado de orgullo, Maceira reconoce que gran parte del éxito logrado en el año implica extensas jornadas e incluso sacrificar el tiempo junto a la familia.

Pocas historias condensan tanto el carácter de esta central como la del propio Maceira, quien es «hijo de Nuevitas» y se graduó como ingeniero mecánico en 2006. Cuando la zona oriental del país enfrentó un apagón severo, su unidad 6 no podía arrancar porque el interior de la caldera seguía a más de 400 grados Celsius.

En un acto que muchos califican de locura, Maceira decidió entrar al interior de la caldera para soldar una pieza crítica antes de tiempo. En esa madrugada, gracias a ese hombre que no dudó en poner el cuerpo, las luces volvieron a encenderse en el oriente cubano.

¿Qué mantiene viva a la Diez de Octubre? No es la tecnología de punta, porque sus unidades 5 y 6 son viejas y a menudo se rompen. Lo que sostiene este gigante son las manos de muchachos como Reyser, la creatividad de las mujeres creadoras y la valentía de directivos como Maceira, que resuelven con ingenio lo que no se puede comprar en el extranjero.

En momentos de crisis eléctrica, cuando el SEN se desestabiliza por averías en otras plantas como la Guiteras, los ojos de la nación se vuelven a Nuevitas. Esta planta, de arquitectura imponente y obreros estoicos, sigue siendo más que una fábrica: es la Universidad de la perseverancia y el hogar de quienes, por testarudos, se niegan a dejar a oscuras a Cuba. (Martha Karla Gutierrez Pacio/Estudiante de Periodismo/Radio Cadena Agramonte) (Foto: Tomada de Internet)

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