Celebran los 60 primeros años de la novela Biografía de un Cimarrón

Celebran los 60 primeros años de la novela Biografía de un Cimarrón Foto: Instituto Cubano del Libro

La Habana, 20 jun.- En el habitual espacio Sábado del Libro, decenas de lectores se congregaron en la Calle de Madera del Centro Histórico para celebrar la obra de Miguel Barnet Lanza, y recordar el aniversario 60 de la primera edición de su clásica novela Biografía de un Cimarrón.

Nancy Morejón, Virgilio López Lemus y el autor, los tres Premios Nacionales de Literatura, presentaron un título que ya cosecha 90 ediciones en múltiples idiomas y formatos; esta vez por iniciativa de la Editorial Letras Cubanas, que lo publicó en 1980, y lo mantiene dentro de su colección Biblioteca del Pueblo.

Durante la presentación, Nancy Morejón enfatizó la importancia de esta novela testimonial, libro marcado también por el artista de la plástica Eduardo Roca «Choco» (1949-2026), quien realizó la portada, sin saber que estaba haciendo una de sus últimas contribuciones a la literatura cubana.

La poetisa reseñó que la obra tuvo tres primeros grandes lectores, entre ellos Alejó Carpentier (1904-1980), quien decía que los cimarrones -incluyendo al protagonista, Esteban Montejo- fueron quienes inculcaron la independencia a los criollos cubanos.

Indicó que en muchos confines del mundo se habla de Biografía de un Cimarrón como una extensa poesía, en la que Barnet reprodujo el habla coloquial de los cubanos.

Morejón profundizó en el relato que el viejo cimarrón Montejo desarrolla en torno a la figura del Titán de Bronce, Antonio Maceo (1845-1896), de quién dice: «se portó como un hombre entero en Mal Tiempo, iba al frente siempre».

Cerró su intervención con otra cita que muestra el espíritu de un hombre que aún libre y con un centenar de años, siempre fue cimarrón: «Digo que no quiero morirme para echar todas las batallas que vengan; con un machete me basta».

López Lemus significó que Barnet logró verosimilitud con vuelo poético, y calificó el título como una obra imperecedera, o una novela sin ficción en la que el autor tuvo la misma suerte que escritores como Silvestre de Balboa y Alejo Carpentier.

También celebró el equilibrio entre objetividad y subjetividad en un testimonio que debía dar un salto del conocimiento científico a la expresión poética, y lo logró; hallando un camino de naturalidad expresiva que se alejó de los realismos de la época, incluído el realismo socialista; a la vez que resaltó que en la obra no se habla de los esclavistas, porque nada importa su vida frente a la del cimarrón.

Barnet afirmó, al abundar sobre su texto, dijo que sabe que lo escribió en un rapto de magia: «tuve el privilegio de conocer en los años 60 a mujeres y hombres que sufrieron la esclavitud. Fue para mi una experiencia extraordinaria, inolvidable; nunca sospeché que iba a tener la trascendencia que ha tenido este libro porque lo hice como un componente de las investigaciones del barracón», agregó.

El autor destacó que, en ese entonces trabajaba en la Biblioteca Nacional de Cuba, en los mismos tiempos en que se realizaron aquellas sesiones que pasaron a la historia como Palabras a los Intelectuales, donde participó, y cuyos diálogos contribuyeron a fijar la política cultural de la Revolución cubana.

Con su vocación de antropólogo, explicó que se dio cuenta que los poderes hegemónicos habían condicionado los archivos y las fuentes documentales; por eso se basó en la historia de aquellos que habían sido esclavos y mambises.

Tras ver entrevistas publicadas en el periódico El Mundo, Barnet contó que fue a encontrarlo, y lo halló sentado en una piedra debajo de un árbol del Hogar del Veterano donde vivía; «estoy seguro que me estaba esperando», recordó.

Entre anécdotas y recuerdos muy frescos en su memoria, el destacado intelectual expresó al llegar a su casa ese día se dijo «tengo que hacer algo con esta vida» y añadió que escogió a Esteban porque era la historia de mucha gente que había roto las cadenas de la esclavitud.

Para concluir, Barnet agradeció a sus amigos y admiradores de su obra presentes, y compartió una reflexión: «En todos los seres humanos hay una gran historia, solo hay que saber percibirla y alcanzar la grandeza de cada una de ellas. (…) Los abuelos de la patria son los cimarrones, quienes nos ensañaron a romper las cadenas de la esclavitud y luchar por la libertad; por eso me cautivó esta historia”.

A este singular Sábado del Libro asistieron Marta Bonet de la Cruz, presidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba; Juan Rodríguez Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro; Yasel Toledo Garnache, presidente de la Asociación Hermanos Saíz; y Yanelis González Leyva, directora de la Editorial Letras Cubanas; entre otras personalidades de la cultura y público general. (Fuente: ACN)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *