Una feliz conclusión de estudios a pesar de todo

Camagüey, 20 jun.- La graduación en el Dodos’ Café no fue multitudinaria, pero sí profundamente simbólica. Dos estudiantes estaban llamados a recibir sus títulos, aunque solo uno pudo estar físicamente. La ausencia de Ángel Enrique Ruiz Álvarez, saxofonista tunero, se sintió como un recordatorio de las distancias que en la Cuba actual pueden convertirse en murallas invisibles.

Apenas una provincia de diferencia, y sin embargo, un obstáculo insalvable. Su nombre resonó en la ceremonia como un eco, porque también él había llegado hasta la meta.

El protagonismo visible recayó en Kadier Gerardo Fuentes Cardet, quien se graduó con doble perfil en Guion y Dirección, además de recibir el Título de Oro y la distinción de graduado integral.

Su obra Ánimas, proyectada allí mismo, mostró la mezcla de realidad y animación como metáfora de un camino lleno de improvisaciones y persistencia.Pero la celebración no era solo por Kadier. Era también por Ángel, que desde Las Tunas representaba la constancia de los músicos que, entre viajes truncos y escenarios limitados, logran culminar sus estudios. Su perfil de saxofón habla de disciplina y de un arte que exige tanto como el audiovisual: largas horas de ensayo, sacrificios silenciosos, y la certeza de que la música, como el cine, se abre paso aun en medio de carencias.

La ceremonia, entonces, fue doble aunque pareciera mínima. Dos graduados de la Universidad de las Artes, dos historias distintas, un mismo telón de fondo: la dificultad de hacer arte en estos tiempos y la necesidad de celebrarlo con fuerza. El café se convirtió en sala de graduación, en espacio de comunidad, en símbolo de resistencia. Y el alboroto, lejos de ser exagerado, fue la manera justa de decir que cada título es una victoria. (Con información de Adelante)

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