Un grupo de aborígenes bajo el mando del cacique Hatuey y armados con lanzas rudimentarias atacaron y emboscaron a los colonizadores como acto de valor ante la matanza a que eran sometidos. Hatuey fue capturado, juzgado como hereje y rebelde, y lo condenaron a la hoguera. Ha trascendido como leyenda que momentos antes de ser quemado un sacerdote se le acercó para que aceptara el bautismo ya que este le abriría una mejor vida en el cielo, y al saber que los conquistadores también irían allí, lo rechazó.
