En esta fecha del 26 de junio de 1808, nace Mariana Grajales Cuello en un poblado del municipio San Luis en la sur oriental provincia de Santiago de Cuba, hija de padres emigrados dominicanos. La juventud de Mariana transcurrió en las labores propias de un hogar tranquilo. A los 23 años contrajo matrimonio con Fructuoso Regüeiferos, de cuya unión nacieron Felipe, Fermín, Manuel y Justo, a quienes tuvo que guiar prácticamente sola ante la temprana muerte del esposo. A pesar de todo, supo sobreponerse con estoicismo y educarlos bajo recios principios. De una unión posterior con Marcos Maceo, nacieron José, Antonio, María Baldomera, Rafael, Miguel, Julio, Dominga, José Tomás y Marcos. Asentados en la finca del esposo compartían las tareas. El estallido insurreccional del 10 de octubre de 1868 dirigido por Carlos Manuel de Céspedes, marcó para la prole de Mariana un gran compromiso, hace jurar a sus hijos que lucharán por la libertad de Cuba. Los mayores marchan a la manigua con el padre, y ella los sigue con los pequeños porque su casa es quemada. Cuando Antonio Maceo es herido grave y lloran algunas mujeres, ella dice: «ÂíNo quiero lágrimas!», y a Marcos, el más chico: «ÂíEmpínate, ya va siendo hora de que te vayas al campamento!». Sus hijos luchan durante treinta años de guerra y todos son bravos mambises. En el campo de batalla contra el colonialismo español, resistió escasez y penuria y fue una más en el campamento. Aquí recibió la noticia de la herida mortal del esposo al que cuidó con esmero y quien en su lecho de muerte expresó haber cumplido con el juramento contraído de luchar por la patria. Siendo ya una anciana, cuando sus hijos en el exilio se preparaban para reiniciar la Guerra Necesaria de 1895, murió en Kingston, Jamaica el 28 de noviembre de 1893. Después de 30 años de su fallecimiento sus restos fueron trasladados a Cuba para reposar eternamente en el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba. De ella el apóstol José Martí escribió: Qué epopeya y misterio hay en esa humilde mujer.
