En una reunión celebrada en el paradero de Las Minas, cuando algunos elementos pretendieron avenirse a la fórmula pacificadora y divisionista de la metrópoli, Ignacio Agramonte los atajó con estas palabras: “¡Acaben de una vez los cabildeos, las torpes dilaciones, las demandas que humillan. Cuba no tiene más camino que conquistar su redención arrancándosela a España por la fuerza de las armas!”
