En Nuevitas vivió un hombre humilde cuya vida fue un canto a la libertad. Su nombre es Héctor Conde Oña, quien desde joven tenía un corazón que ardía y un compromiso inquebrantable: crear una Cuba más justa.
Ya en su vejez ocupó la vicepresidencia de la Asociación de Combatientes de la Revolución cubana en el municipio y se mantuvo al frente de sus compañeros de lucha.
También estuvo presente en la vida cultural del territorio, compartiendo sus historias de héroes con las nuevas generaciones en la Biblioteca Ricardo Cabrero, donde la directora en aquellos momentos, Belkis Gómez, lo honró al incorporarlo entre los primeros en poseer una biografía publicada en la Enciclopedia Colaborativa Cubana Ecured.
Asumí esa tarea con mucho entusiasmo y pude hacerle varias entrevistas. Años después, escribiendo el programa histórico Memorias, tuve la oportunidad de entrevistar también a varios compañeros que me hablaron de él, entre ellos José Arias Cardona, exmiembro del 26 de Julio en Nuevitas.
Héctor Conde Oña
Nacido en 1936, en una familia humilde de trabajadores portuarios, muy pronto abandonó sus estudios tras el séptimo grado, pero su alma nunca dejó de soñar con un porvenir donde la educación fuera un derecho para todos. Desde muy temprano la luz de Martí iluminó sus pensamientos y alimentó su espíritu rebelde.
La tormenta política que azotó a Cuba con el golpe de Batista y, posteriormente, el ataque al cuartel Moncada despertaron en él un fuego revolucionario.
Héctor se sobrepuso al miedo, abrazó la lucha en los gremios y se convirtió en líder entre sus hermanos de causa. Con las manos firmes y decididas multiplicó la resistencia, repartiendo volantes y desafiando riesgos, hasta ser encarcelado y torturado por su inquebrantable deseo de justicia.
Cuando en 1957, junto a sus compañeros, reivindicó con acciones valientes el legado del Apóstol de la independencia nacional, pintó letreros que gritaban verdades que todos pensaban, y pocos estaban dispuestos a exclamar. Eso implicó ser arrestado una y otra vez, pero nunca permitió que la represión apagara su voz, ni su voluntad.
Llegó a ser coordinador del Movimiento 26 de Julio en Nuevitas, supo guiar a otros valientes y, durante la huelga del 9 de abril de 1958, tuvo la misión de proteger a sus compañeros, protagonizando episodios de coraje en la memoria de un pueblo que reconoce sus heridas.
Ya en su retorno, tras el triunfo revolucionario, resultó un constructor incansable de la nueva historia, participó en la fundación de las Milicias Nacionales Revolucionarias, los Comités de Defensa de la Revolución, y el Partido Comunista. Sus medallas de Combatiente de la Lucha Clandestina, Conmemoración del 50 Aniversario de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y de la Lucha Contra Bandidos son símbolos apenas de su corazón generoso, que se entregó sin reservas.
Héctor Conde Oña, con su vida sencilla y sus valerosos actos, recibió también el cariño profundo de su gente, y honrado como Hijo Distinguido de Nuevitas, porque quien deja una huella profunda de responsabilidad y lealtad aún florece con su ejemplo en cada rincón de la ciudad. (Celia Serrano Maldonado/ Radio Nuevitas) ( Fotos tomadas del archivo de Héctor Conde Oña publicado en Ecured)