
Las duras tensiones que desde principio del 2026 vive el país con el combustible, tras la agresión imperialista a la República Bolivariana de Venezuela y las presiones de la Casa Blanca para que ningún país nos suministre petróleo, obligan a movilizar todas las reservas o potencialidades posibles hacia lo interno.
Ante los intentos de la administración de Donald Trump de asfixiar aún más nuestra economía, y por consiguiente afectar al máximo la vida de los cubanos, no cabe otra alternativa que emanciparnos por y con nuestros propios esfuerzos, amén de la solidaridad y la cooperación que puedan llegar de naciones o gobiernos amigos.
Habrá entonces que retomar el Programa de Gobierno dirigido a corregir distorsiones y reimpulsar la economía, en aras de precisar en cada territorio y sector prioridades -dentro de las propias prioridades-, que será necesario posponer, aplazar, sustituir, adelantar su concreción, o adaptar acorde con la drástica reducción de los recursos energéticos, en fin, contar con un plan de emergencia en el que se prevea hasta la Opción Cero.
La solución no debe ser renunciar por completo, por ejemplo, al ambicioso plan inversionista del 2026, ni mucho menos a los propósitos de incrementar la producción nacional con énfasis en los alimentos y la sustitución de importaciones, los ingresos externos y el objetivo de continuar avanzando en la estabilización macroeconómica del país, con acciones que aporten a la reducción paulatina de los desequilibrios existentes.
Incluso si un frente requiere hoy más que nunca asegurar y fortalecer es la defensa y el orden interior, ante las amenazas del gobierno neofacista de la actual administración estadounidense, como también deviene una prioridad inaplazable la recuperación de las capacidades del Sistema Eléctrico Nacional y acelerar la introducción de las fuentes renovables de energía.
El 13 de diciembre de 2025 al clausurar el XI Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del PCC y Presidente de la República, había expresado:
"No podemos olvidar ni por un momento que en las condiciones actuales la paralización de muchas actividades por las largas horas de apagón debido a la falta de combustibles, lubricantes y de mantenimiento de las termoeléctricas, trastoca completamente la cotidianidad, genera incertidumbre y acentúa sentimientos de desesperanza".
Es decir, tales ideas las dijo semanas antes de que se produjera la agresión contra la hermana Venezuela, de donde provenía -aunque insuficientes- los mayores volúmenes de petróleo; por lo cual la situación se ha agravado desde el fatídico 3 de enero en que Estados Unidos anunció también el corte del suministro de combustible a nuestro país proveniente de la patria de Simón Bolívar y Hugo Chávez.
Servicios vitales como el transporte público, el abasto de agua, las comunicaciones, y la producción nacional incluyendo la de alimentos, se han visto muy afectados por las interrupciones del fluido eléctrico, en tanto la complejísima situación que hoy enfrenta Cuba, agravada con el endurecimiento de la guerra económica, mediática y subversiva de Washington, obliga a un uso más racional y eficiente de los recursos.
En correspondencia con el complejo escenario nacional e internacional, un plan de emergencia se necesita ya partiendo de desempolvar o retomar algunas medidas o ideas previstas cuando el período especial.
Tal cual escribió en la Red de Economistas el Doctor en Ciencias Miguel Alfonso Sandelis, Profesor de Economía de la Universidad Tecnológica de La Habana (Cujae), por ejemplo, debe tomar fuerza la siembra de espacios de tierras en empresas y comunidades, la producción de carbón, los molinos de viento, la instalación de sistemas fotovoltaicos.
"Debe priorizarse y organizarse el trabajo en las comunidades para evitar desamparados. Intensificar la acción política hacia afuera y la solidaridad hacia Cuba, aunque hacia lo interno el ímpetu y la ofensiva debe ser mayor", señaló el destacado académico. (Texto y foto: ACN)