
Entre su apretada agenda como docente, integrante del Ballet Contemporáneo de Camagüey y madre Anabelis Miranda Fernández encontró el tiempo para responder ante cámara, y también por WhatsApp, más de una pregunta encaminadas a conocer mejor a una joven lugareña que desde el arte danzario defiende la identidad de la región.
Pero lo primero para ella fue la música…
“De la música me enamoró ver a mi hermana practicarla, ella estaba en una academia de guitarra y yo la veía ejercer, la escuchaba durante sus estudios y me cautivó.
Yo decía «quiero hacer música», y me presenté a todo tipo de instrumentos, pero bueno ninguno los aprobé. No era la música lo que estaba diseñado para mí, sino la danza. Actualmente disfruto los conciertos, ver a alguien tocar cualquier tipo de instrumento pues la música aún sigue viva dentro de mí”.
¿Fue fácil insertarse en el panorama de la danza?
“Considero que fue fácil porque un mes después de haber sufrido la «derrota» de las pruebas de aptitud de música, una amiga mía, que estudiábamos juntas a la misma escuela, llegó a la casa incitándome a que la acompañara a clases que ella tenía particulares de danza y luego a presentarnos a las pruebas. Mi mamá tenía miedo que yo sufriera de nuevo otra decepción y como había entrado en catarsis... Pero bueno, le dije y como desde pequeña me caracterizo por ser bastante emprendedora, o valiente, según lo veas; además me gusta asumir retos.
Entonces le dije sí. Solo tuve un mes para practicar lo que era elasticidad, improvisación, fuerza, es decir los parámetros que evalúan en los exámenes de captaciones. Y de ahí directo a las pruebas en la Escuela Vocacional de Arte Luis Casa Romero, donde aprobé la primera vuelta y el concentrado, que entonces era de una semana con todo tipo de pruebas, excelente antesala para ingresar a esta prestigiosa institución de la ciudad en la especialidad de Danza.
Luego, en el Instituto Superior del Arte, hice un cambio de perfil porque me gradué en el nivel elemental de Danza Folklórica y Contemporánea y la licenciatura fue en Arte danzario, en el perfil de Ballet Clásico.
Con total seguridad puedo decir que la danza conquistó mi corazón y ocupó el lugar que tenía la música, aunque esta sigue viva en mí porque la disfruto en todas sus variantes, pero definitivamente la danza me conquistó y me enamoró”.
¿Ballet o personaje que prefieres y por qué?
“Responder eso está un poco difícil porque disfruto todas las obras clásicas. Me gustan mucho los personajes que me tocó interpretar porque disfruté esos procesos, no importaba si eran roles protagónicos, de carácter, de lo neoclásico o de las danzas contemporáneas.
Soy fiel admiradora de cada personaje porque tienen un valor no solo sentimental, también un valor estético y demandan de un alto nivel de responsabilidad y profesionalismo”.
¿Qué fue lo más difícil de esa etapa estudiantil?
“Realmente tengo que confesarlo, lo más difícil para mí como estudiante de Danza Folklórica y Contemporánea fueron esas clases de folklore yoruba. Y en el ISA tener que vincular el ballet con la investigación porque el bailarín está acostumbrado a investigar desde su panorama.
A veces se enfrascan nada más en su perfil y si van a investigar lo hacen desde ese punto de vista, pero ya cuando uno llega a la universidad tiene que dominar muchas más áreas, tanto pedagógicas como metodológicas y artísticas. Y ese enfrentamiento primero con una investigación metodológica y pedagógica resultó un reto mayor”.
¿Qué representa contribuir a la formación de los futuros bailarines de la región?
“Es algo muy gratificante, que me hace sentir orgullo y hasta privilegiada. He tenido ya la oportunidad de disfrutar a mis estudiantes graduados, incluso evaluados en sus compañías, ya sea al Ballet de Camagüey o el Contemporáneo.
Además tengo una experiencia lindísima de dos estudiantes egresados de la Escuela Cubana de Ballet y que forman parte del Ballet Nacional. Y verlos en cada gira brillar, como triunfan, leer sus mensajes: «Profe, muchas cosas se lo agradezco a usted». Ahí es cuando uno dice: «Vale la pena». Cada semillita que tu siembres, cada granito, cada esfuerzo es válido”.
Retos de la enseñanza artística desde tu perspectiva
“Ahora mismo puedo decir que el magisterio en la enseñanza artística enfrenta nuevos retos. Antes hablar del ballet era decir algo codiciado en la infancia, en los juveniles, incluso en los adultos. Ahora hablas de ballet y solo son pocas las personas que gustan de este arte. Y las captaciones que hacemos se ven afectadas en ello, pues nuestros niños tienen otras influencias culturales.
Como maestros tenemos el reto de incentivar en ellos, de avivar dentro de ellos la pasión artística, el ardor por vivir para crear; incluso cuando ya estén dentro del sistema educativo sigue la batalla, porque se han colado en las escuelas esas corrientes urbanas y corresponde desde las clases de ballet, composición coreográfica o técnicas de la danza, inculcarles al niño valores clásicos, artísticos y estéticos”.
¿Por qué entre tantas complejidades defender la danza y la cultura en general?
“La danza es un movimiento artístico en el que el artista tiene la posibilidad de exteriorizar sentimientos, sensaciones, emociones; a través de ella, como en otras manifestaciones, se puede inculcar a la sociedad valores estéticos, se pueden transformar pensamientos, tocar fibras internas. Hay piezas en las que te confrontan, que desde la cosmovisión del bailarín transforman desde adentro hacia afuera.
En mi experiencia la danza es un lenguaje extraverbal porque mientras danzo transformo mi ser, mis pensamientos generan nuevas fuerzas y emociones, pero, además, involucran a los que están alrededor. Debemos defender la danza y la cultura porque ellos salvan”.