
En el ámbito de la gastronomía camagüeyana hablar del Chino es mencionar una institución del sector, más de sesenta años en el arte de servir avalan una labor que inspira a las nuevas generaciones, aunque hoy vea llegar a los jóvenes con otras ideas.
“Siempre insisto cuando me ponen a tutorear a alumnos de la especialidad que no se pueden descuidar las mesas, los clientes, porque en ocasiones están más pendientes del teléfono que del servicio, y eso no puede ser”, confiesa con nerviosismo visible, ese que caracteriza a los más grandes y humildes de nuestros semejantes.
¿Cuándo se acerca a los clientes ya usted sabe si va a ser algo fácil o complejo?
“Sí, al cliente hay que analizarlo psicológicamente para saber cómo desarrollar la atención en esa mesa. Cuando usted ve el carácter, el movimiento, del usuario, uno sabe qué tipo de cliente es y eso ayuda muchísimo pues ya sabes si puedes usar alguna jarana, si están apurados y hasta si necesitan total discreción”.
¿Y ha pasado algún tipo de aprieto?
“Todos los que ejercemos esta profesión en el mundo entero lo hemos pasado porque a veces llegan en estado de embriaguez o fajado con la compañera o el amigo que traen al pie, y ahí es cuando el fogueo diario te da las herramientas para salir victorioso, por decirlo de alguna manera”.
Comentó que su labor favorita dentro del área de la Gastronomía es como mesero, ¿nunca pensó en otras áreas?
“Yo pasé el curso de cantinero y cogí calificación de dependiente B, pero no me gustaba tanto estar haciendo las bebidas. En estos años pasé por muchas especialidades dentro de un salón, hasta de lonchero y de capitán.
He estado de cajero, pero no me gusta tampoco. Y eso que las cajas hoy son casi figuras decorativas, no es como antes que había que trabajar con doble cinta, una para desglosar las notas y otra para darle el cupo del vuelto”.
¿Y siempre les recomienda a las personas qué comer o beber?
“Claro, eso es fundamental, porque con determinados tipos de carnes o preparaciones es más recomendable un vino que una cerveza, por ejemplo, pero siempre hago lo que pida el cliente. Y me ha ido bien porque aquí en el restaurante Rancho Luna o en la Volanta tengo usuarios que si no los atiendo yo se van y eso creo que habla de un buen trabajo”.
Después de sesenta años ¿por qué se mantiene en el mundo de las Gastronomía?
“Eso es sencillo, porque me gusta trabajar. A mí no me gusta estar metido en la casa y pienso seguir unos años más, si el de allá arriba no me manda a buscar”.
Ernesto Rodríguez Acosta, El Chino de Rancho Luna, es de esos hombres apasionados con su trabajo, un ejemplo de los hijos que distinguen a la Ciudad de los Tinajones desde el compromiso diario y el aporte constante. (Texto y foto: Diosmel Galano Oliver/Radio Camagüey)