En Cuba se construye el futuro

En Cuba se construye el futuro Foto: Internet

Hay imágenes que se quedan grabadas para siempre, la de un niño dibujando su futuro en una hoja de papel, la de un adolescente explicando con la mirada encendida lo que espera de su país, la de una niña tomando la palabra en una escuela sin miedo a ser escuchada.

En Cuba esas estampas han dejado de ser solo postales de esperanza para convertirse en parte de la ley.

Este 28 de enero, en el aniversario 173 del natalicio de José Martí, entró en vigor la Ley 178/2025, el Código de la Niñez, Adolescencias y Juventudes. Y no es una norma más. Es la constatación de que en este país la infancia no es un tema secundario, sino un compromiso irrenunciable. Porque aquí proteger a los niños y niñas no es un slogan; es una obra colectiva que se construye todos los días en las consultas médicas, en las aulas y, ahora, en un texto legal moderno y actualizado.

¿Qué tiene de especial este Código? Por primera vez quienes más tenían que decir no se quedaron en silencio. Más de 825 mil niñas, niños y adolescentes participaron en la consulta nacional. Lejos de quedar en un ejercicio formal, sus opiniones derivaron en 29 ajustes concretos al texto final. Ellos pidieron ser escuchados, y la ley no solo los escuchó, sino que lo convirtió en una obligación en los ámbitos familiar, educativo y judicial.

Pero este logro normativo no es un acto aislado. Es el resultado de una política constante que, a pesar de las dificultades, nunca ha renunciado a lo más sagrado: cuidar la vida.

Mientras el mundo reconoce a Cuba por su sistema de salud y sus bajos índices de mortalidad infantil, aquí seguimos dando pasos de gigante. El Programa de Atención Materno Infantil salvó en 2025 a 321 pacientes con morbilidad materna extremadamente grave, y provincias como Sancti Spíritus lograron tasas de mortalidad infantil de solo 1.2 por cada mil nacidos vivos.

Lo más hermoso de esta nueva ley es que no solo protege, sino que empodera. Reconoce a los niños y adolescentes como sujetos plenos de derechos, no como receptores pasivos de ayuda. Les garantiza una vida libre de violencia, entornos digitales seguros y, por primera vez de manera explícita, el derecho a la salud mental.

Cuando uno es joven y periodista, como es mi caso, a veces duda de la magnitud de los cambios. Pero al ver las páginas de este Código y recordar las voces de esos pequeños que participaron en su elaboración, entiendo que sí, la esperanza de Martí sigue viva, porque en Cuba, construir el futuro empieza por asegurar los derechos de quienes lo heredarán. Y eso, en medio de un mundo tan adverso, es una victoria que merece ser contada. (Texto: Martha Karla Gutiérrez Pacios/estudiante de Periodismo)

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