Cuando la cultura siembra futuro en Camagüey

En la Plaza de los Trabajadores, entre el bullicio del tráfico y los tropiezos del diario vivir, hay un joven que explica la técnica del papel maché a un niño, o una artesana mostrando cómo el reciclaje se convierte en arte. Este es el proyecto «Arte Plaza».

Esta iniciativa, promovida por la Oficina del Historiador de la Ciudad, no se conforma con exhibir obras. «Dinamizar los espacios públicos desde la producción de bienes, servicios y actividades de contenido cultural» es su propósito confeso.

La Plaza de San Juan de Dios, el Parque Agramonte o el Callejón de los Milagros ya no son solo postales para el visitante, son escenarios  donde la identidad se negocia, se defiende y se celebra.

Para entender esta efervescencia, hay que caminar con los protagonistas. Ihordan Torres Hernández, un artista visual que no espera que la luz eléctrica regrese para crear. Él lidera el «Proyecto Vitruvio», un taller que, inspirado en Da Vinci, se ha propuesto ser plataforma de lanzamiento para los artistas noveles. Además dan asesoría o financiamiento para exposiciones.

Pero no todo es plástica, en el oriente cubano, la globalización tiene otro nombre: MangaQba. Liderado por Carlos Olivas Rodríguez, este proyecto cumple 15 años en intercambio cultural con Japón.

Mientras escribo estás lineas, se celebra el Hanami 2026. Talleres de origami, muestras de vestuario y la proyección de «Samurai Champloo» llenan las salas, demostrando que la cultura popular es también una herramienta de integración juvenil. «Buscamos trascender el interés por el anime para convertirnos en una plataforma de formación cultural», confiesa Olivas, mientras observa a decenas de jóvenes apropiarse de una tradición que no es la suya, pero que sienten como propia .

La cultura en Camagüey no es ingenua. Sabe de las dificultades. Sin embargo, como escribió alguien por ahí, «la cultura insistió» . Y lo hizo en los barrios.

Ahí está el proyecto «Manus Aureus» (Manos de Oro). Nació en un círculo de abuelos, como un simple taller de manualidades. Hoy es un colectivo que trabaja la línea «ReciclArte», consciente de que proteger el medioambiente y fomentar la economía circular es también un acto político y de supervivencia .

Y qué decir del Proyecto Sociocultural Carmen Durán. En la Feria Arte Plaza, sus integrantes exhiben objetos de foami o papel maché. Roselia Ramírez Riverón, que entró en el 2015 sin saber bien qué hacer con sus manos, hoy es una experta. En una ciudad que a veces puede ser hostil, el proyecto cultural se convierte en el nuevo patio de la casa.

Quizás por eso, porque esta red de voluntades es tan tupida, no sorprende que Camagüey haya recibido hace unos meses el Premio Gubbio 2025. Sí, ese galardón italiano que reconoce la excelencia en la preservación del patrimonio. Compitió con 46 propuestas de 12 países y ganó gracias al Plan Especial de Desarrollo Integral (PEDI). ¿La clave? No mirar el centro histórico como un museo de cristal, sino como un organismo vivo.

Y ese es el milagro camagüeyano. No se trata de grandes presupuestos, sino de una conciencia colectiva. Cuando el periodista Aymée Amargós viaja a Chile para hablar de esto, o cuando los payasos de Nuevitas se preparan para su festival infantil en medio de la adversidad, queda claro que aquí se ha sembrado una semilla imbatible .

En Camagüey, la cultura no es un lujo. Es el único mapa posible para guiar el alma, porque el arte en todas sus manifestaciones es alimento para el espíritu. (Martha Karla Gutierrez Pacios/Estudiante de Periodismo/Radio Cadena Agramonte) (Foto: Tomada de Internet)

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