Un Sol radiante engalana hoy la mañana cubana en medio de los agobiantes cortes eléctricos, el mismo Sol que ahora alumbra a Estados Unidos, desde donde su gobierno anuncia más presiones y amenazas militares contra la nación caribeña.
Algunos lo disfrutan desde su patio, el portal, la ventana, su auto, intentando tomar un ómnibus o caminando hacia el trabajo; es el mismo Sol, el mismo día para todos, sin embargo los pensamientos difieren, cada quien lo mira y piensa en sus propias preocupaciones.
En Cuba, por estos días, se viven tiempos duros, en muchos años nunca se vio como ahora gente hurgar entre la basura o pidiendo dinero; los apagones, cada vez más seguidos, la falta de agua, los altos precios, las dificultades para cocinar, dormir, trasladarse, trabajar… la vida se ha hecho más difícil.
¿Cómo terminará esto?, pregunta un colega a otra en nuestra redacción.
El momento hace recordar la llamada reconcentración de Weyler (1896-1898), cuando el Capitán General español (Valeriano Weyler) intentó rendir a la insurrección armada de los cubanos por hambre.
Entonces, tratando de evitar a cualquier precio la independencia de Cuba, trasladaron por la fuerza a la población rural hacia localidades controladas por el ejército español, con el objetivo de aislar a las tropas insurgentes de su apoyo civil.
Su aplicación implicó el desplazamiento masivo de civiles en condiciones de vida precarias, caracterizadas por hacinamiento, escasez de alimentos y la propagación de enfermedades.
Las estimaciones sobre la mortalidad en aquellos primeros campos de concentración varían considerablemente; parte de la historiografía la sitúa en torno a 170 mil víctimas civiles, aunque otras evaluaciones ofrecen cifras superiores.
Hoy, bajo su estrategia de bloqueo económico, comercial y financiero, ahora más recrudecido con el cerco petrolero, el gobierno de Estados Unidos trata también de convertir a Cuba en un campo de concentración.
Es la misma política, la de rendir por hambre y necesidades a las bases populares que apoyan y defienden el proyecto social cubano nacido el 1ro de enero de 1959. Pero en su estrategia no quedaron fuera quienes, también desde aquí, los apoyan en su intento de apoderarse de Cuba.
A una escala mayor, el plan es el mismo, que el descontento y la desesperanza calen cada vez más entre la población de la nación antillana, que no vea alternativas posibles para salir adelante ante la política de estrangulamiento aplicada por la Casa Blanca, con más libertad que nunca para actuar como amos del mundo.
Para apretar más el ariete, desde el Norte se acentúa el ritmo de los tambores invocando la guerra, llamados que encuentran seguidores entre cubanos que viven fuera de su Patria, quienes conservan aquí familiares, amigos… sin embargo piden para ella y su gente rendición, destrucción o muerte.
Olvidan que los misiles no llevan nombres, tampoco distinguen posiciones políticas entre defensores del Gobierno y posibles detractores. Como escribiera la colega Cristina Escobar en su página de Facebook: «El que quiere bombas sobre Cuba no quiere a los cubanos. Todo lo demás es demagogia».
Cuba vive, quizás, uno de los peores momentos de su historia. El tiempo dirá si será necesaria una nueva carga al machete o ganará el diálogo, el entendimiento y la sensatez.
En cualquier caso, está claro que su soberanía no es negociable, que los cubanos la seguirán defendiendo a toda costa. Nunca como antes tuvieron más vigencia las palabras escritas por José Martí, el Apóstol de las luchas por la independencia, en el Manifiesto de Montecristi:
«…no nos maltraten, y no se les maltratará. Respeten, y se les respetará. Al acero responda el acero, y la amistad a la amistad. En el pecho antillano no hay odio; y el cubano saluda en la muerte al enemigo a quien la crueldad del ejercicio forzoso arrancó de su casa y su terruño para venir a asesinar en pechos de hombre la libertad que él mismo ansía. Más que saludarlo en la muerte, quisiera la revolución acogerlo en vida».
En Cuba y en Estados Unidos hoy el Sol se pondrá igual para todos, intentemos que mañana también, es necesario esforzarse para que la paz y el entendimiento prevalezcan por encima de las diferencias, del rencor por cuentas viejas, hay un pequeño mar que nos une, no que separa.
