Camagüey, 17 abr.- Me lo dijo una vez un técnico de Electromedicina mientras devolvía a la vida a un ecógrafo que el bloqueo había sentenciado a muerte: “Aquí no hay piezas, señorita, pero tenemos cabeza”. Esa frase, dicha casi en un susurro entre un montón de transistores y cables pelados, condensa el alma de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR) en la provincia.
Ellos tienen la capacidad de fabricar lo que no venden a la isla a causa del bloqueo estadounidense, de recuperar lo que otros desechan y de demostrar, una y otra vez, que la escasez no puede con el ingenio cubano.
Más de 11 mil asociados -algunas fuentes hablan ya de casi 12 mil- agrupa hoy la ANIR en Camagüey, y su aporte a la industria local no es un dato menor: supera anualmente los diez millones de pesos.
Detrás de esa cifra no hay grandes presupuestos ni tecnología de punta, hay hombres y mujeres que, como contaba un obrero de la Unidad Empresarial de Base Empacadora Raúl Cepero Bonilla, “arrancan un pedacito al problema” con las herramientas que tienen a mano.
En la Raúl Cepero Bonilla, a punto de cumplir 98 años, la tecnología es obsoleta y las máquinas se resisten a morir gracias a la inventiva de sus trabajadores.
Nayibys Batista Carmenates, representante de la industria cárnica en la Tercera Conferencia Municipal de la ANIR, explicaba hace unos días como lograron mantener la producción cuando los manuales ya no servían y las piezas no llegaban.
No muy lejos, en la Empresa Pesquera e Industrial Algérico Lara, en el municipio de Santa Cruz del Sur, encontré otra historia que merece contarse. Allí fabricaron con cajas plásticas y cuchillas una máquina para hacer hamburguesas que, aseguraron, funciona mejor que el equipo original.
“No desecha ninguna unidad durante el proceso”, dijo orgulloso Pedro Pablo Javier, especialista en Ciencia e Innovación, mientras me mostraba el artilugio que ya otros colectivos copian para ahorrar importaciones.
Este año la ANIR celebrará medio siglo de existencia y en cada taller camagüeyano el legado del Guerrillero Heroico -artífice de este movimiento, que nació en 1961 ante el éxodo de técnicos y el cerco económico, sigue más vivo que nunca.
Pero Ernesto Che Guevara no está solo, lo acompañan los innovadores de la Central Termoeléctrica 10 de Octubre, en Nuevitas, que en 2016 ya eran señalados como los que más empujaban el sobrecumplimiento del plan provincial; los de la UEB Talleres Ferroviarios, cuyos 96 innovadores recuperan vagones y casillas cuando el país no tiene repuestos; o los especialistas del Centro Provincial de Electromedicina, quienes lograron modificar los sistemas de autoclaves Hanshin Medical y los pusieron a funcionar otra vez.
“La mejor manera de evitar la guerra es preparándonos”, dijo aquel combatiente. Hoy podría añadir que la mejor manera de vencer el bloqueo es crear. Porque la defensa de la patria no solo se libra con fusiles: también con cada pieza recuperada, máquina reanimada, industria que gira gracias a la tenacidad de los trabajadores camagüeyanos. (Texto: Martha Karla Gutierrez Pacios/estudiante de Periodismo)
